Me gustan las revistas como Tiempo, las que dan espacio a las verdaderas historias, las que se preocupan de los ciudadanos. Por eso valoro cada minuto vivido en esta redacción, cada lección de talento y de trabajo bien hecho. Supongo que por esos motivos ha pasado tan rápido el mes que llevo aquí.

Pero no se equivoquen, por muy a gusto que esté en el trabajo, siempre añoro unas vacaciones, parar unas semanas y salir de la gran ciudad para instalarme en mi pueblo: Corrubedo. Echo de menos ese rincón de Galicia. A sus gentes. Miro por la ventana de mi apartamento de Madrid y no huelo el mar, ni veo los tres km de arena blanca y fina que unen la playa de La Ladeira con El Vilar. Es entonces cuando pienso en volver.

Siempre he pensado que allí cualquier periodista encontraría material suficiente para escribir una magnífica crónica de viajes. De esas que transportan al lector y le hacen ver, sentir y oler el paraíso. Por eso durante mis vacaciones trataré de describir lo que allí he visto y vivido, lo que he sentido. Prometo que cuando vuelva a la redacción les mostraré los resultados. No esperen milagros porque aún estoy aprendiendo.