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Jordi Sevilla (Valencia, 1956) fue ministro de Administraciones Públicas nada más ganar Zapatero. Hace casi un año dejó la política para trabajar en la empresa privada y dedicarse a su pasión: escribir novela policiaca. Ahora acaba de publicar ‘La joven de la foto’, su primer intento literario. A continuación se publica el texto íntegro de la entrevista que esta semana publica la revista TIEMPO.

 

Un ex ministro metido a novelista no es algo muy común.

Bueno, yo en realidad soy más bien un novelista frustrado que se tuvo que meter a ministro. De hecho, la novela está escrita mucho antes de que yo fuera ministro.

 

¿Y por qué no la ha publicado hasta ahora?

Cuando la terminé, empecé a hablar con un editor, pero como me fui involucrando más activamente en el mundo de la política, los dos decidimos que no era el momento más adecuado para publicarla. Así que la metí en un cajón durante diez años y ahora las circunstancias han hecho que ese amigo editor siga teniendo interés en publicarla.

 

¿Por qué novela policiaca?

Porque me gusta y porque me parece más accesible a mis capacidades como escritor.

 

¿Por qué el detective tiene el apellido de su mujer?

Es una broma familiar. Raymond Chandler tenía muchas dificultades para poner nombres y siempre tiraba de sus amigos y conocidos. Y yo he hecho lo mismo: la novela está llena de nombres de familiares y amigos.

 

¿Cómo es su vida ahora?

He descubierto que hay vida después de la política: una cosa es saber que existe la torre Eiffel y otra verla y vivirla. Trabajo bastante, pero me estoy divirtiendo mucho. He recuperado una sensación de libertad: dentro de un orden, puedo pensar, hacer y decir lo que quiera. Eso, para mi sorpresa, me ha desatado la creatividad. Estoy lleno de ideas y proyectos.

 

¿Cuándo ve a los ministros actuales, en qué piensa?

Cada momento de tu vida tiene una etapa. Yo quería ser ministro y lo he sido, pero es una etapa pasada. No les envidio.

 

Es decir, ve imposible regresar.

Ni lo veo probable ni lo deseo. Espero no trabajar nunca tanto como cuando fui ministro ni ganar tan poco dinero a cambio. Mis ganas de volver son cero.

 

¿Cómo es ahora su relación con Zapatero?

Es la que hemos mantenido siempre, si bien nunca hemos sido amigos de ver los partidos de fútbol. Le respeto mucho y tengo la impresión de que él a mí también me respeta. A veces intercambiamos posiciones y me consta que lee mis artículos, aunque a veces discrepe de su contenido.

 

¿Se ha sentido maltratado por Zapatero?

No. Le estoy mucho más agradecido de que me nombrara ministro que de que luego considerara que me tenía que cesar.

 

¿Y cómo le ve ahora?

Un poquito agobiado. Está viviendo sus horas más bajas.

 

¿Tiene futuro ZP?

Creo que remontará durante los próximos meses. Va a agotar la legislatura y creo que encabezará las listas del PSOE en las próximas elecciones. Y el resultado de esas elecciones no está nada claro, puede pasar cualquier cosa.

 

¿No sería mejor para el PSOE que Zapatero no fuese el candidato?

La lógica de funcionamiento del PSOE lo impide salvo que se produzca su propia renuncia.

 

¿Es necesario un cambio de Gobierno?

Se le da demasiada importancia al Gobierno. La política está cada vez más centrada en los líderes. Las personas que forman el Gobierno no son tan determinantes, lo importante es que haya coherencia, coordinación, que no se meta la pata, que se reme en la misma dirección… En este momento la prioridad del país no pasa por un cambio de Gobierno. Esta sociedad devora los cambios de tal manera que, si hace un cambio de gobierno, a la semana se le pedirá otro. Lo importante es la política que se aplique y esa la decide el presidente.

 

Usted fue muy crítico con cómo afrontó ZP el principio de la crisis. ¿El volantazo que ha dado recientemente es correcto?

Él reconoció en público que se equivocó tardando en darse cuenta de la importancia de la crisis. Por tanto, me siento reivindicado en ese sentido porque yo era de los que creían que esto era una crisis importante. Ha tardado en darse cuenta de que la gravedad de la situación exigía reformas profundas, pero hubiera sido mejor haberlo hecho todo junto en un mismo paquete pactando con las comunidades autónomas y con el principal partido de la oposición. Creo que está haciendo las cosas que tiene que hacer aunque no las está haciendo de la manera que yo creo que las debería hacer.

 

¿Qué habría que hacer para salir del hoyo que no estemos haciendo todavía?

Bajar las cotizaciones sociales cuatro o cinco puntos. Y eso obliga a cambiar el modelo de financiación de las pensiones: tendremos que ir a complementarlo con una contribución social generalizada y vincularlo más a la riqueza que a la evolución de la edad de los ciudadanos. Sería una medida novedosa y espero que en algún momento alguien se dé cuenta de ello.

 

¿Mejorará la economía gracias al mundial de fútbol?

Sí. Tendrá un impacto positivo porque la crisis económica tiene un componente psicológico muy importante. Esto supone una inyección de autoestima que va a ayudar a que abordemos las tareas pendientes con mucho optimismo.

 

¿Y ayudará a cohesionar más el país?

No sé si ayudará a cohesionar el país, pero todo esto ayuda a situar en niveles de ridiculez algunas de las pretendidas separaciones que algunos todavía plantean a estas alturas. La inmensa mayoría de los españoles no tiene ninguna dificultad con ser españoles y vascos, españoles y catalanes, españoles y riojanos, españoles y valencianos…

 

¿Qué le parece la sentencia del Estatut?

Es muy ponderada, está hecha a favor del Estatut. Eso sí, el procedimiento demuestra que para este tipo de leyes que se cambian cada 30 años deberíamos recuperar el recurso previo de inconstitucionalidad para que lo que voten en referéndum los ciudadanos sea el texto definitivo.

 

Pero en Cataluña se ha interpretado la sentencia como una agresión.

Cataluña es una parte diferente de España. Son diferentes y les gusta que se lo digamos. Por eso hay que buscar mecanismos para ello. El Estatut es un buen mecanismo. Entiendo las protestas que se han generado en Cataluña, pero son mucho más en clave de precampaña electoral que de desacuerdo profundo con la sentencia.

 

Zapatero ha sugerido que la sentencia podría suponer el fin del desarrollo autonómico.

Yo creo que tenemos un Estado a medio hacer. Todavía hay que redefinir el papel del Gobierno central y las relaciones de cooperación entre éste y las comunidades autónomas.

 

 

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Hemos necesitado 80 años para ganar un mundial de fútbol. Muchas veces fuimos de favoritos y nos volvimos a casa a las primeras de cambio. Y enmascarábamos nuestra mediocridad con aquello de la mala suerte, la fatalidad, los dichosos árbitros... Era la España del complejo y de los fantasmas, de la falsa furia.

Pero ha llegado una generación de jóvenes descarados para enseñarnos que no hay lugar para el victimismo, que cuando se tienen talento y ganas los obstáculos siempre se salvan.

Por eso hoy más que nunca conviene tomar el ejemplo de los jugadores de nuestra selección de fútbol y ser conscientes de que este país puede salir adelante si todos remamos en la misma dirección, sin egoísmos ni estrellatos y con buenas dosis de humildad y trabajo. El futuro es nuestro.

Cada día estoy más convencido de que lo nuestro no tiene solución. Tenemos cuatro millones y medio de parados y resulta que el principal tema de conversación de los políticos españoles es si la palabra "nación" debe mantenerse o no en el preámbulo del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña.

¿Cambia en algo la vida de los ciudadanos de Cataluña el hecho de que esa palabrita vaya finalmente incluida en el Estatuto? Me temo que no, pero los políticos parecen no haberse enterado y siguen teniendo una irrefrenable tendencia a alejarse de la calle. Y luego se extrañan de que la gente cada vez vote menos en las elecciones...

Para colmo, y nada más conocerse los detalles de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, la mayoría de partidos catalanes están haciendo un llamamiento a la ciudadanía para que salga a la calle a protestar. No me parece mal que la gente se manifieste, pero me pregunto si no hay motivos mucho más importantes para hacerlo, entre ellos el elevadísimo número de desempleados y la situación económica general.

Que nuestros políticos estuvieran ociosos durante la época de vacas gordas y se dedicaran a pergeñar el Estatut no justifica que ahora, cuatro años después, tengamos que seguir alimentando a la bestia cuando es evidente que hay temas mucho más espinosos de los que ocuparse.

En un momento en el que España se la está jugando en el ámbito internacional, con nuestra credibilidad por los suelos y todos los tiburones acechando, es una irresponsabilidad que nuestros políticos pierdan el tiempo con discusiones estériles mucho más cercanas al comentario de textos que a la realidad de la calle.

 

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En ningún diccionario del mundo se define la publicidad como disciplina artística, pero pocos son los que discuten que algunos anuncios merecen la categoría de obras de arte. Hay spots que contienen tanto talento como la mejor de las películas y detrás de ellos suele haber unos profesionales que poco tienen que envidiar a Woody Allen, Martin Scorsese o Steven Spielberg, por mucho que no gocen de la misma popularidad.

España cuenta con algunos de los mejores publicitarios del mundo, como atestiguan los numerosos galardones que han premiado durante los últimos años los anuncios made in Spain. Y una buena selección de lo que se ha hecho últimamente se podrá ver entre el 27 y el 29 de mayo en San Sebastián, donde se celebrará el festival El Sol, que es la cita anual de la publicidad iberoamericana. En esta ocasión se cumplen 25 años desde que nació el festival y, con tal motivo, Tiempo ha querido dar un repaso al sector de la mano de cuatro de los mejores creativos españoles: Alberto Astorga, Miguel García Vizcaíno, Antonio Montero y Toni Segarra. Los cuatro están detrás de muchos de esos anuncios que forman parte de nuestras vidas y con ellos hemos debatido sobre el pasado, el presente y el futuro de la publicidad.

 

¿En qué ha cambiado la publicidad en España en estos últimos 25 años?

Segarra: La irrupción de Internet lo ha modificado todo y, además, se han fragmentado los medios.

Montero: En cuanto al contenido, hemos ido a peor, estamos atrapados en lo políticamente correcto. Es dificilísimo hacer algo original con ese condicionante. Antes se hacían cosas más valientes.

García: Sí, es verdad, hace 15 ó 20 años la publicidad era más fresca. Una campaña como la de Galerías Preciados de 1993 [un hombre llorando porque su mujer le ha abandonado para irse a las rebajas] hoy no podría salir adelante porque el Ministerio de Igualdad la pararía.

Astorga: Es curioso, tenemos más medios que antes, pero dudo de que haya más nivel creativo.

S: El problema es la falta de dinero y de tiempo. La fragmentación ha llevado a la reducción de los presupuestos. Hay menos tiempo para hacer las cosas.

 

¿Cómo se mide la calidad de un anuncio? Puede darse el caso de que lo que para un profesional resulta un spot estupendo para el anunciante no lo sea tanto...

S: Nuestra profesión siempre se ha debatido entre la necesidad de saber si el dinero que está invirtiendo el anunciante va a ser eficaz y la imposibilidad real de medirlo. Estamos trabajando con materiales artísticos que no se pueden medir. Es imposible medir, por ejemplo, la capacidad de sorprender al público.

G: Si miras el palmarés de estos 25 años en El Sol, seguramente el 80% de las campañas que han sido premiadas han sido también eficaces, por mucho que a veces se premien cosas experimentales, frescas, nuevas...

 

Pero supongo que a veces puede haber discrepancias entre crítica y público: puede que un anuncio que llegue mucho a la gente, a los profesionales del sector les parezca una basura, y viceversa.

A: A veces estando con mis amigos veo que algunos de los anuncios que más me encantan, a ellos no les gustan tanto. Y entonces siempre pienso: “Tengo un problema, me he alejado de la calle”.

S: A mí me pasó una vez en una boda que, al enterarse de que yo era publicista, uno de los comensales me dijo: “A mí el anuncio que más me gusta es el de Tosta Rica con Teresa Rabal”. Ahí es cuando automáticamente tienes que cambiar de conversación...

M: Es verdad que alguna vez nos hemos puesto un poco intelectuales, pero nuestro trabajo se basa en conectar con la gente. No nos podemos olvidar de ello.

G: Sí, tuvimos unos años en que nos alejamos un poco de la calle, nos obsesionamos mucho con la publicidad internacional, imitábamos los spots de EEUU, Inglaterra, Australia... Pero en los últimos seis años hemos vuelto a hacer cosas más de aquí, hemos vuelto a la calle.

 

Supongo que la crisis pasará factura.

G: Sí, hay anunciantes que han recortado hasta un 100% de su inversión publicitaria, pero ya se están arrepintiendo.

S: Es absurdo que, en el momento en el que más problemas tienes para vender tus productos, lo que hagas sea reducir tu ejército de vendedores, que al fin y al cabo es lo que es la publicidad.

A: Siempre se ha dicho que cuando la crisis entra por la puerta, la creatividad salta por la ventana. Es un error pensar que la publicidad es un lujo que sólo se debe hacer en las épocas de bonanza.

M: La mayoría de anunciantes siguen pensando en la publicidad como un gasto. Hay que cambiar la cultura y pensar que la publicidad es realmente necesaria.

 

¿Hay indicios de que lo peor ha pasado?

G: Parece que sí. Los datos en inversión publicitaria han mejorado en el primer trimestre del año. Son menos malos.

S: En cualquier caso, las cosas nunca más volverán a ser como antes, serán diferentes y nos tendremos que adaptar.

M: Lo bueno de las crisis es que nos obligan a pensar para salir adelante.

 

¿Está la publicidad que se hace en España por encima de la media mundial?

G: La publicidad española tiene un nivel altísimo. En comparación con otros sectores de la economía, los creativos de este país podemos estar muy satisfechos con el trabajo que hemos hecho.

S: Como hacemos piezas pequeñas que van firmadas por una marca, se nos ha ignorado o menospreciado. La sociedad nos ha tratado como bufones y nosotros hemos estado acomplejados. En la publicidad hay muchísimo talento y no sé si, por ejemplo, el cine español puede presumir de lo mismo durante los últimos 25 años.

G: Ni el cine, ni la literatura ni la arquitectura españoles han estado a la misma altura a nivel internacional que ha estado la publicidad hecha en España.

M: Sí, es verdad que no estamos bien considerados en general.

S: Quizás sea porque el 80% de lo que hacemos es muy malo. La mala publicidad está muy presente y hace mucho daño.

A: La verdad es que yo tengo un sentimiento contradictorio respecto al nivel de la publicidad en España. Por un lado están los anuncios que se ven en los festivales, que sí es cierto que concentran mucho talento, pero luego está la publicidad real, la que ves cuando enciendes la televisión o abres el periódico. Y tengo la sensación de que el nivel de la publicidad real es malísimo.

S: Pero enfréntate también a la literatura real: cada año se publican miles libros. Léete los 100 peores libros y verás la cantidad de basura que hay. El problema es que nuestra basura es muy evidente.

M: Hay que ser muy autocríticos, pero no conviene demonizar la publicidad. Es muy difícil hacer algo digno en tan poco espacio de tiempo. De hecho, la gente del cine se sorprende de cómo lo hacemos.

S: Sí, hay bastantes directores de publicidad que han hecho el tránsito al cine con bastante éxito, pero no conozco ningún caso de un director de cine que haya hecho algo relevante en publicidad. Tienen una fascinación por el soporte, pero se sienten muy incómodos.

 

¿Cómo será la publicidad del futuro?

S: Está claro que nuestro modelo de negocio está cambiando. Hasta ahora hemos vivido muy felices con la televisión, pero en el futuro será imposible contar con un medio tan masivo, con un soporte que llegue a todo el mundo.

G: De todas formas yo creo que lo que llamamos spot seguirá siendo muy importante, lo que pasa es que en vez de verlo en la televisión a lo mejor lo empezamos a ver en vallas en el exterior.

A: El formato es lo de menos, lo importante son las ideas, y siempre será necesaria una buena idea.

 

 

LOS MEJORES ANUNCIOS DE LOS ÚLTIMOS 25 AÑOS

 

Con motivo del 25 aniversario del festival de publicidad El Sol, la organización ha celebrado una votación entre la prensa para elegir el mejor anuncio de estos últimos años. La votación ha estado muy reñida pues competían joyas que forman parte ya del imaginario colectivo: el cuponazo de la Once, “si no hay Casera nos vamos”, los hombres abandonados de Galerías Preciados... Al final, el triunfador ha sido uno de BMW de 2004 titulado Mano pero más conocido por su eslogan “¿Te gusta conducir?”, creado por la agencia *S,C,P,F... En el segundo puesto ha habido empate entre el anuncio de Mitsubishi en donde un cabrero se preguntaba en 1994 si el Madrid había ganado de nuevo la Copa de Europa (Agencia Remo) y otro titulado Patxi, de Euskaltel (Dimensión, 2002).

José María Sanz, más conocido como Loquillo, acaba de publicar “Barcelona ciudad”, que es la segunda parte de sus memorias. Después de haber narrado sus orígenes e infancia en un primer volumen (2003), ahora le hinca el diente a su etapa adolescente, donde cuenta cómo acabó dedicándose al rock después de unos primeros escarceos en el mundo del baloncesto. Desde sus casi 50 años de edad, Loquillo se siente lo suficientemente libre como para hablar sin tapujos de todo y de todos.

 

¿Por qué ha escrito este libro?

Es mi segunda novela. La primera fue la historia de mi niñez con la búsqueda del pasado miliciano de mi padre. En esta pasamos a la Transición: la historia de un grupo de adolescentes en la Barcelona de los años 70. Es una Barcelona que se va apagando en beneficio de un Madrid que emerge. De una cultura libertaria a una cultura nacionalista. Es un libro adolescente y no intento ser pedante. He intentado que tuviera sentido del humor porque todas las historias del rock que se escriben siempre son sobre drogas y muertos. Y nosotros no teníamos dinero ni para comprarnos drogas.

 

¿Todo lo que cuenta es verdad?

En el rock, si tienes que decidir entre la verdad y la leyenda, eliges la leyenda. Yo he intentado obedecer todos los cánones del rock en ese sentido. 

 

¿Echa de menos aquella época?

No. Me limito a contar que por aquel entonces había una Barcelona que ya no existe y que durante 30 años ha permanecido subterránea porque a partir de los años 80 se convirtió en una isla rodeada por un montón de convergentes que querían su honra. Y eso hizo que Barcelona se convirtiera en un desierto. En Madrid viven de la movida desde hace años y se sienten orgullosos de ella, pero Barcelona tiene miedo de revisitar su historia reciente. He intentado plasmar la historia de una juventud que vivió entre Franco y el Sida. Me siento muy afortunado de haber vivido esa época, disfrutamos la libertad como nadie. Aquella Barcelona fue un adelanto de lo que después fue la movida madrileña. A partir de los 80 ya llegó la Generalitat y ahí se acabó la fiesta.

 

Por lo que veo, cree que Barcelona ha sufrido un proceso de paletización durante todos estos años…

Barcelona ha vivido de espaldas a su pasado y en lucha constante con una cosa que había alrededor que era el nacionalismo convergente y excluyente, que quería Barcelona como fuera. Eso fue ahogando Barcelona poco a poco. Lo que nosotros llamamos la cultureta ha tenido mucho poder en Cataluña y ha querido obviar todas las manifestaciones culturales que no tenían que ver con la que ellos creen que es la única, la que hace país. Por eso Cataluña ha perdido el tren de la modernidad, porque mucha gente se ha tenido que ir fuera. Por ejemplo, el epicentro del teatro está ahora en Madrid: Flotats, Boadella, Lluís Pascual, Mario Gas… Cualquiera que ha chocado con la cultureta se ha tenido que ir.

 

¿El nacionalismo ha secuestrado Cataluña?

Es algo más que nacionalismo. Yo hablo de esa clase social que se cree mejor que los demás. En el fondo, es clasismo. Pero hay dos Cataluñas, la real y la que se ha inventado la clase política. La ciudadanía es de otra manera. Y la prueba es que el Estatut no fue votado por el 51% de los catalanes. La pregunta debería ser: ¿qué habéis hecho para que a más de la mitad de Cataluña le importe un pepino el Estatut? Si a los catalanes se les pregunta que preferirían, si la aprobación del Estatut o que el Barcelona ganase la Copa de Europa, la respuesta daría una buena idea de cómo está el patio. La clase política vive en el país de las albóndigas. El problema nunca es Cataluña. El problema siempre son los otros, ya sean los castellanos, los andaluces, los aragoneses… Los catalanes nunca tienen la culpa de nada.

 

¿Cataluña tiene solución?

Hay que decir claro y alto que la emigración fue la que levantó Cataluña en los años 60. Ahora está llegando otra emigración de fuera de España, pero esa emigración va a convertir de nuevo a Barcelona en un centro clave de cultura porque va a seguir fusionándose. En el momento en que esa ciudadanía pueda votar, las cosas cambiarán. Hay mucha gente aterrorizada por ese cambio. Es un poco surrealista que alguien quiera definir la identidad de un pueblo mediterráneo: todos somos hijos de mil leches.

 

¿Qué le parecen los referendos de independencia?

A mí me parece mucho más loable eso que que tiren piedras. Y de paso hay gente que el domingo sale a pasear. No debe molestar a nadie que se hagan referendos.

 

En el libro es muy crítico con el recientemente fallecido Juan Antonio Samaranch…

Samaranch ha sido una persona en continuo movimiento. No quiero molestar a su familia en un momento como este, pero hay que leer el Washington Post para conocer la historia. Los periódicos de aquí no han tenido mucha memoria histórica. Yo firmé un manifiesto para que este señor no fuera presidente del Comité Olímpico Internacional (COI). Lo único que pido es que no se cambie el nombre del estadio olímpico de Barcelona: sería una vergüenza que se sustituyese el nombre de Lluís Companys por el de Juan Antonio Samaranch. Hay una gran diferencia entre uno y otro.

 

Cuenta que brindó con champán el día de la muerte de Franco. ¿Es literal o forma parte de la cuota de leyenda que recoge el libro?

Es literal. Pero lo vivimos con gran tristeza por todos los años de silencio, de humillación… se brindó porque había que brindar, pero con mucha tristeza por lo que se había sufrido. Fue un gran día.

 

35 años después, ¿se ha logrado todo lo que imaginábais entonces que pasaría o estamos todavía lejos?

Estamos lejos. Vamos hacia atrás. La clase política no es consciente del nivel bajo que tiene. A mí se me exige que cada disco que hago sea mejor, si no no lleno los sitios. ¿Por qué a ellos no se les exige nada? Tenemos una clase política que es incapaz de pactar cuando hay una crisis como la que hay. No se dan cuenta de que están perdiendo el pulso de la calle. Van a hacer buenos a los políticos de la Transición: al menos más nivel intelectual tenían.

 

¿Qué opina sobre lo que está pasando en torno al procesamiento del juez Baltasar Garzón?

Yo de lo de Garzón no voy a hablar, pero todo el mundo tiene derecho a enterrar a sus muertos. Incluso los ciudadanos de izquierdas que vieron cómo la propia izquierda fusilaba a los suyos, y eso no se dice. Yo me sigo preguntando dónde está enterrado Nin. Eso no se cuenta. El espectáculo de estos días es patético, otra vez las dos Españas. Yo pensaba que estábamos en la tercera, yo al menos la reivindico. Basta ya, déjenme en paz. Que cada uno entierre a su muertos y dejen ya el tema.

 

¿Le gustan los artistas metidos a políticos?

Si los artistas se creen políticos y creen que pueden cambiar la política de un país, vamos muy mal. Yo sigo respetando a la clase política porque creo en el sistema democrático. Los artistas deberían dedicarse a hacer mejores discos y mejores películas y no a intentar ocupar el sitio de los representantes del pueblo. Una cosa son las opiniones individuales y otra ponerse en un lobby para presionar sobre una cosa u otra. Me da mucho miedo eso. Y esta locura de ciertos personajes de no respetar en absoluto la libertad de prensa: cuando algo no les gusta lo tildan de fascismo. Me recuerdan a la intelectualidad de los años 30, que o bien era profascista o era procomunista, y yo de las dos cosas salgo corriendo.

 

Quizás es que falta cultura democrática.

Se está perdiendo el concepto de la democracia. ¿La enseñan en el cole? No puedo entender cómo hay esta falta de respeto al sistema democrático. Ha costado muchas vidas conseguirlo, yo sí que tengo memoria. Hay cosas que no se pueden poner en duda. No se pueden lanzar cierto tipo de soflamas a la ligera. Yo siento un gran respeto por los medios de comunicación y no me niego a ir a ningún medio. ¿Por qué razón si le doy una entrevista al Público unos me llaman comunista y cuando voy a la radio de Federico Jiménez Losantos otros me llaman fascista? Alucino. Como a mí no me subvenciona una gran empresa o el Gobierno catalán, tengo que ir vendiendo lo que hago y voy a todos los sitios que puedo.

 

¿Alguna idea para evitar ese sectarismo, sobre todo en lo cultural?

Es necesario un pacto de Estado por la cultura para que nadie se meta ahí. No debe haber cultura de derechas y de izquierdas. Ahora mismo parece que los cojonudos son los de izquierdas, aunque digan que Fidel Castro es cojonudo. Los que no pensamos así, somos todos unos fachas. Esa es la idea que se está extendiendo. Si no firmas un manifiesto, no eres de los nuestros. Si hubiera un pacto por la cultura no se jugaría con eso. La gente se piensa que ser republicano es ser del Partido Comunista, que es algo que me pone bastante nervioso. ¿Azaña qué era?

 

¿Se ha sentido alguna vez vetado?

La palabra no creo que sea vetado, pero pongo varios ejemplos. Produje en 2004 el documental más visto ese año en España: “Mujeres en pie de guerra”. Cuando fui a pedir dinero para que me ayudaran a hacer el proyecto, en el Gobierno catalán me dijeron que no podían darme nada porque estaba hecho en castellano. Y la mayoría de las mujeres que aparecen en el documental son catalanas. Después fui al Ministerio de Cultura y me dijeron que, como yo era catalán, tenía que pedir el dinero al Gobierno catalán. Ahora he intentado pedir subvenciones para hacer un disco sobre la poesía de Luis Alberto de Cuenca: y me han dicho que no porque no es un poeta catalán. El mundo al revés. También he hecho un documental que se llama “Vindicación” y que es sobre feminismo, y el Ministerio de Cultura lo ha catalogado como de cero interés. Y en Cataluña tampoco me dan nada porque no es en catalán. Yo estoy en contra de las subvenciones, pero si dan una gran cantidad de dinero para hacer bodrios como “La historia del golf en España”, me apunto a ver si me cae algo.

 

¿España desprecia su cultura?

Sin duda. Nos debería dar vergüenza que, por ejemplo, no suene en las radios el disco de Serrat sobre Miguel Hernández. Cuando yo saqué dos discos de poesía me dijeron que eso no interesaba en una radio fórmula. Es decir, que lo mejor es que el público sea imbécil. Francia exige que la cultura nacional sea respetada y suene, y la anglosajona que pague. Por eso en la real academia francesa se sienta Jacques Brel. Aquí debería estar Serrat. El otro día me encontré con Manolo Escobar y un poco más y me pongo de rodillas: fue un hombre que hizo feliz a mucha gente en una etapa en la que todo eran lloros. No tenemos el concepto de leyenda de artistas populares. No nos sentimos orgullosos de nuestra propia cultura. Zapatero siempre dice que escuchaba a Paco Ibáñez, cuando por edad debería haber escuchado más a Alaska y los Pegamoides. De la misma manera que los del PP escuchaban a Nacha Pop. Eso es lo normal, pero hay unos tópicos absurdos.

 

¿En qué proyectos musicales anda metido en estos momentos?

Estoy haciendo una gira con motivo de mis 30 años en la música y estoy grabando un disco dedicado a la poesía de Luis Alberto de Cuenca. También me gustaría muchísimo que el año que viene Jaime Urrutia, Enrique Bunbury, Andrés Calamaro y yo compartiéramos escenario. Nosotros cuatro nos hemos puesto de acuerdo, pero ahora falta la infraestructura.

 

Creo que el cine le interesa cada vez más.

Sí, yo hago discos para poder pagarme mis películas. Espero alguna vez poder pasar de producir documentales a producir películas, lo haré encantado, pero no haré historias de tonadilleras. Creo en un cine de barrio, de gente, de problemas reales. En España falta cine político por un tubo, falta cine arriesgado, faltan cojones. ¿Hacer cine para adormecer a la peña? A nadie se le ha ocurrido hacer todavía la batalla del Ebro, los americanos ya lo hubieran hecho.

 

¿Hubiera sido buen jugador de baloncesto si se hubiera cuidado un poco más?

Estoy convencidísimo. Con 16 años ya entrenaba con un equipo de primera división. Lo que ocurre es que el rock entró en mi vida y a esas edades uno tiene que elegir la pasión frente a la disciplina, y me dejé llevar por la pasión.

 

¿Se deben prohibir los toros en Cataluña?

La gente sabe que los toros van a perecer en Barcelona en diez años, para qué coño montar un cirio. Quien quiera ir que vaya y cuando ya no vaya nadie, pues se acabará. Es tan sencillo como eso. Yo siempre soy partidario de dejar hacer.

José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy han celebrado una larga reunión en La Moncloa en la que, teóricamente, sólo pretendían hablar de la crisis griega y de la reforma del sistema financiero.

Después de dos horas y media, y acuciados por el desplome de la bolsa y los millones de parados, ambos han salido de la reunión, eso sí por separado, con un acuerdo según el cual se va a acelerar la fusión de las cajas de ahorros y se va reformar la ley que las regula.

¿Es esto lo que España necesita? Ciertamente, si el acuerdo supone la despolitización y el saneamiento de nuestras cajas de ahorros es un buen punto de partida, pero a todas luces parece insuficiente con la que está cayendo.

Todos los expertos coinciden en que nuestro país no puede demorar más los cambios en el mercado laboral, las pensiones, el funcionamiento de la administración pública... pero una vez más parece esfumarse la posibilidad de que alguien haga algo al respecto. De momento, ni Zapatero ni Rajoy parecen muy interesados en esos asuntos. ¿Hasta cuándo? ¿Tendremos que esperar a que la situación sea tan delicada que nuestros socios europeos acudan a nuestro rescate y nos obliguen a aplicar esas medidas, como le ha pasado a Grecia?

Al presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, nunca le ha gustado dormir fuera de casa. Una de sus costumbres más estrictas es cenar en familia junto a su esposa y sus dos hijas, lo que obliga a sus más estrechos colaboradores a hacer todo tipo de piruetas para que, en caso de tener un viaje internacional, el avión presidencial esté de regreso antes de la medianoche. Esa costumbre se aplicó a rajatabla en la primera legislatura (2004-2008), durante la cual Zapatero llegó incluso a batir un triste récord: encadenar cien días seguidos sin salir de España. Sin embargo, con su reelección en marzo de 2008, y como suele suceder tradicionalmente en la democracia española, el presidente se ha contagiado de un extraño virus viajero, no se sabe si por propia convicción o para escapar de la crisis económica en la que está inmerso el país.

Durante 2009 Zapatero ha potenciado su agenda internacional, ha conseguido consolidar la presencia de España en las reuniones del G-20 y ha pisado por vez primera la Casa Blanca gracias al relevo presidencial en Estados Unidos. Y todo indica que en 2010 se va a consolidar esa tendencia gracias a que a España le corresponde pilotar la Unión Europea durante los primeros seis meses del año.

Sin embargo, esta no va a ser una presidencia europea al uso, como las tres anteriores de las que ha dispuesto España. Desde el pasado 1 de diciembre la UE cuenta con nuevas reglas de funcionamiento (el Tratado de Lisboa) que implican la creación de dos nuevas figuras: un presidente estable del Consejo Europeo (la institución que agrupa a los jefes de Gobierno de los 27) y un ministro de Asuntos Exteriores. La visibilidad de Zapatero como líder de la UE se verá, pues, reducida, si bien el perfil elegido para esos cargos ha sido tan bajo (los desconocidos Herman Van Rompuy y Catherine Ashton) que el presidente español necesitará poco esfuerzo suplementario para robarles protagonismo.

La presidencia española de la UE brindará al Gobierno una oportunidad magnífica para el lucimiento gracias a la decena de cumbres que se celebrarán durante el semestre. Habrá dos citas de los jefes de Estado y de Gobierno de la UE y, además, reuniones al más alto nivel con Estados Unidos, los países de América Latina, los Estados de la cuenca mediterránea, México, Marruecos, Rusia y Japón.

Aparte de esas citas, los objetivos de la presidencia española serán dos: poner en marcha el nuevo tratado y renovar la estrategia de Lisboa, que fue un compendio de buenas intenciones suscrito por los líderes europeos en marzo del año 2000 con el propósito de convertir a la UE en “la zona más dinámica y competitiva del mundo en 2010”. Cumplido ese plazo, es evidente que el objetivo no se ha conseguido, sobre todo teniendo en cuenta la terrible crisis económica de los últimos meses. De ahí que buena parte del rediseño de Lisboa y de la agenda de la presidencia vaya a centrarse en “recuperar la estabilidad financiera, el crecimiento económico y la creación de empleo”, como subraya el programa elaborado desde el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Zapatero quiere utilizar la plataforma de la presidencia europea para trasladar al ámbito comunitario su modelo de economía sostenible. El problema para el líder socialista es que su voz adolece en Europa de la credibilidad necesaria para impulsar ese tipo de reformas: España es el único gran país de la Eurozona que sigue en recesión y el segundo Estado con mayor tasa de paro de todo el continente. Pese a ello, el Gobierno se esforzará para que durante su presidencia la UE pueda poner en marcha lo que se ha venido en llamar el Sistema Europeo de Vigilancia Financiera, compuesto por una serie de órganos y normas cuya finalidad será mejorar la supervisión bancaria y evitar que se repitan los problemas que han dado origen a esta última crisis.

Respecto a la aplicación del Tratado de Lisboa, el semestre español será fundamental para diseñar el papel que finalmente ocuparán Van Rompuy y Ashton y para poner en marcha la parte más ambiciosa que contiene el nuevo texto: el servicio europeo de acción exterior, una especie de cuerpo diplomático común que estará bajo las órdenes de la nueva ministra de Exteriores.

Además, y como en presidencias anteriores, España pondrá especial empeño en los asuntos relacionados con las carteras de Interior y Justicia. Nuestro país siempre ha estado en la vanguardia a la hora de proponer iniciativas europeas para luchar contra el terrorismo y la inmigración ilegal, y en esta ocasión también se preparan algunas sorpresas.

Aparte de estos asuntos, Zapatero se presentará en Bruselas con dos prioridades particulares muy ligadas a su actuación de gobierno de estos últimos años: aprovechar el semestre para normalizar las relaciones entre la Unión Europea y Cuba y trasladar a todas las instituciones europeas las políticas de igualdad puestas en marcha en España. En este último caso, el Ejecutivo quiere crear un observatorio europeo contra la violencia de género.

Así pues, Zapatero pasará buena parte de 2010 refugiado en la política internacional, lo que le permitirá esquivar en parte los problemas de casa. Y por si las fotos con Obama y los demás líderes mundiales no fueran suficientes para dejar en segundo plano la triste situación económica del país, el Gobierno trabaja ya en diversos proyectos de ley que durante el primer semestre permitirán desviar la atención gracias a la enorme controversia que provocan en ciertos sectores de la población. Entre esas nuevas leyes se encontrarán las de libertad religiosa, para intentar equiparar el resto de confesiones religiosas con el catolicismo, y la ley antitabaco, para extender la prohibición de fumar a todos los locales de ocio.

Para cuando haya terminado la presidencia europea, y Zapatero pueda volver a la vieja costumbre de cenar con sus hijas, quizás la economía española haya empezado a levantar cabeza y eso le permita encarar con renovado optimismo el último trayecto de la legislatura.

Jesús Izquierdo, mi vecino del cuarto, está completamente desorientado. Lleva tres semanas recorriéndose todas las tiendas de electrodomésticos de Madrid y no encuentra el dichoso descodificador que es necesario para ver Gol TV, el canal que por sólo 14,90 euros al mes ofrece tres partidos de fútbol cada semana. Jesús no es muy aficionado al balón, pero el nuevo Real Madrid de Florentino Pérez le ha ilusionado tanto que ha decidido aprovechar la oferta.

Eso sí, Jesús también está cabreado. No entiende por qué el Gobierno nos metió tanta prisa a la hora de pasarnos a la Televisión Digital Terrestre (TDT), con la adaptación de las antenas colectivas y la compra de descodificadores, y ahora resulta que todos los aparatitos que se han vendido durante los últimos cuatro años no sirven para ver los canales de pago, como el mencionado Gol TV.

Jesús sabe que no es el único que está enojado. Ha visto que las televisiones, las radios y los periódicos andan a la gresca por este motivo, por eso cuando coincide conmigo en el ascensor siempre aprovecha para preguntarme por las últimas novedades. El problema es que, en los 20 segundos que tardamos en subir a la cuarta planta, apenas me da tiempo para decirle que "hay un lío del carajo", lo cual acrecienta todavía más su desorientación.

Mi vecino, que es un hombre previsor, se compró un descodificador para ver la TDT en cuanto se enteró de que el 3 de abril de 2010 se producirá el apagón analógico, es decir, que desaparecerá la forma en que hemos estado viendo televisión todos estos años. Como él, una mayoría de españoles (se calcula que aproximadamente el 70% de los hogares) se han preparado ya para ese momento, si bien casi ninguno de los 22 millones de descodificadores vendidos hasta ahora sirven para ver los partidos de pago del Real Madrid o del Barcelona.

Jesús sospecha que la culpa de todo la tiene el Gobierno y, al igual que sucede con la forma de afrontar la crisis económica, detecta cierta improvisación en este asunto. A ello le achaca que a estas alturas de la Liga no sea posible encontrar un descodificador adecuado en todo Madrid. No anda desencaminado en el análisis, pero las cosas no son tan sencillas.

Es verdad que el Gobierno ha cambiado de criterio respecto a la TDT. En 2005, cuando aprobó el plan de transición hacia la televisión digital y otorgó las licencias para emitir a través de esa modalidad, nada dijo de la TDT de pago y entonces quedó claro que todos los canales serían en abierto, por eso los descodificadores que se pusieron a la venta no contemplaban la primera opción. En aquel momento a nadie se le ocurrió reclamar la TDT de pago porque todavía estaba reciente la mala experiencia de Quiero TV, una plataforma de pago que utilizaba la misma tecnología y que resultó un absoluto desastre, hasta el punto de que quebró. Hoy, cuatro años después, el Ejecutivo ha aprobado un decreto ley en el que autoriza a todos los operadores de TDT a emitir contenidos de pago por la mitad de los canales de que disponen.

¿Qué ha pasado en apenas cuatro años para que el Gobierno, sin ni siquiera esperar al apagón analógico, haya decidido cambiar sobre la marcha las reglas de la TDT? Básicamente han sucedido dos cosas. La primera tiene que ver con la terrible crisis económica en la que nos encontramos: los ingresos publicitarios han caído en picado y las televisiones privadas se encuentran en una situación financiera muy complicada. Por eso en el preámbulo del decreto ley se habla sin tapujos de la necesidad de "abrir una vía alternativa de ingresos [...] para aliviar la situación financiera en que se encuentran" los operadores de televisión.

El segundo hecho ocurrido durante los últimos años ha sido el cambio de propietario de los derechos de retransmisión del fútbol. Mediapro, la productora que tradicionalmente ha gestionado esos derechos, decidió en 2006 venderle las retransmisiones en abierto a La Sexta, un canal de televisión de nuevo cuño del que también es accionista y cuya licencia para operar fue otorgada por José Luis Rodríguez Zapatero en cuanto llegó a La Moncloa. El fútbol sirvió de reclamo para popularizar La Sexta hasta el punto de que durante dos años se pudieron ver numerosos partidos en abierto, para regocijo de todos los aficionados al fútbol, si bien la cadena apenas obtuvo ingresos publicitarios por ello debido a los bajos índices de audiencia derivados de los problemas de cobertura del nuevo canal.

Ahora, ya con la TDT muy extendida, en mitad de una tremenda crisis económica y con la necesidad imperiosa de poder rentabilizar al fin la inversión realizada en la compra de los derechos del fútbol, La Sexta-Mediapro necesitaba cobrar por emitir los partidos por televisión, de ahí que le haya venido de maravilla la decisión del Gobierno, que le ha permitido codificar uno de sus dos canales en TDT: Gol TV.

Aunque el decreto aprobado por el Ejecutivo abre la veda de la televisión de pago a todos los operadores que actualmente tienen canales de TDT, hay quien ve detrás de la decisión de Zapatero un trato de favor hacia Mediapro, cuyos medios de comunicación no son especialmente críticos con el Gobierno.

En sentido estricto, el fondo de la norma aprobada por el Ejecutivo pone en pie de igualdad a todos los operadores y no concede ningún privilegio a Mediapro. Eso sí, es evidente que en estos momentos es la empresa que más se puede beneficiar de la posibilidad de emitir en codificado porque es el único operador que tiene contenidos lo suficientemente apetitosos (fútbol, fórmula 1, mundial de baloncesto...) como para que los telespectadores pasen por taquilla.

Por eso ha sido en el terreno formal donde más ha fallado el Gobierno, porque, al aprobar las nuevas normas con tanta celeridad, ha dado la impresión de que el único objetivo que perseguía es que se pudieran emitir contenidos de pago desde el 1 de septiembre, justo cuando arrancaba la Liga. Y es que quizás el día elegido para aprobar la TDT de pago no fuera el más oportuno: 13 de agosto, durante un Consejo de Ministros extraordinario dedicado a diversas medidas contra la crisis económica. Y, además, sorprendió el extraño método utilizado, ya que los decretos leyes son un mecanismo previsto por la Constitución para legislar en casos de "extraordinaria y urgente necesidad".

El ministro de Industria, Miguel Sebastián, ha justificado el uso de la figura del decreto ley señalando que no hay tiempo que perder porque quedan apenas unos meses para el apagón analógico y la puesta en marcha de los canales de pago "ayudará" a extender la TDT entre la población. Sin embargo, el Gobierno se ha quedado solo defendiendo la vía del decreto ley, como quedó de manifiesto el 17 de septiembre durante la sesión que el Congreso de los Diputados celebró para convalidar la nueva norma. Aunque el texto fue aprobado (183 votos a favor, 150 en contra y 6 abstenciones), todos los grupos excepto el PSOE criticaron al Gobierno por tramitar la norma por la vía de urgencia e impedir así que fuera enmendada por el Parlamento.

El problema es que, a pesar de las prisas del Gobierno, los descodificadores que permiten ver la TDT de pago apenas se comercializan todavía en España porque a los productores les pilló por sorpresa la decisión del 13 de agosto y porque necesitan un periodo mínimo de seis semanas para desarrollar los nuevos aparatos. "Que quede claro que nosotros no tenemos la culpa de que no se pueda ver el fútbol por televisión", dice José Pérez, director general de Asimelec, la patronal de los productores.

Hasta el momento, sólo dos fabricantes, Engel e Ikusi, han conseguido llevar a las tiendas algunos ejemplares. Sebastián anunció en el Congreso que a final de septiembre habría 250.000 nuevos sintonizadores a la venta, pero productores como NPG reconocen que no tendrán listos los descodificadores hasta finales de octubre como muy pronto.

Según el experto Eduardo García Matilla, director general de Corporación Multimedia, "el Gobierno ha actuado con precipitación creando mayor confusión en un sector que atraviesa por un momento crítico". En su opinión, lo mejor hubiera sido esperar al apagón analógico y entonces llevar a cabo una amplia reflexión sobre la TDT de pago, los servicios interactivos y la alta definición, contenidos estos últimos que requerirán en el futuro nuevos descodificadores, y no precisamente los mismos que ahora se están fabricando para la TDT de pago.

A pesar de todos los problemas, Mediapro mantiene codificado su canal Gol TV, si bien apenas ha podido sacarle partido hasta ahora por la ausencia de aparatos. De momento se han apuntado unas 20.000 personas, la mayoría en Barcelona, que es donde se están comercializando los pocos descodificadores preparados para la TDT de pago.

Ante la posibilidad de que el proceso de fabricación de los nuevos terminales se dilate sine die, Mediapro ha firmado acuerdos con diversas plataformas de televisión por cable para comercializar su nuevo canal de fútbol y poder rentabilizarlo desde el primer día. Gracias a esos acuerdos con Imagenio, Ono, Orange, Jazztel, Grupo R, Telecable y Euskaltel, Gol TV es visto a día de hoy en unos 665.000 hogares.

Fuentes del sector indican que el mercado español de la TDT de pago no superará los tres millones de abonados, si bien todo dependerá de los contenidos que se ofrezcan y del precio que se pida por verlos. De momento sólo emite Gol TV, pero el resto de operadores también han anunciado al Ministerio de Industria que podrían ofrecer contenidos de pago en el futuro. De hecho, en el sector ya se especula con la opción de que Sogecable acabe ofreciendo Canal + por uno de sus canales, que Telecinco monte un canal 24 horas con Gran Hermano y que algún otro operador ofrezca películas porno.

En cualquier caso, los 20.000 clientes de Gol TV (en Mediapro prevén 300.000 usuarios para junio de 2010) están muy lejos todavía de los dos millones de abonados que tiene actualmente Digital +, la plataforma por satélite propiedad de Sogecable (Grupo Prisa) y que es la principal perjudicada de todo lo que está pasando, al haber perdido la exclusiva de las retransmisiones de fútbol de pago.

Todo ello complica aún más la intención de Sogecable de desprenderse de Digital + y acelera la posibilidad de que el holding televisivo propiedad del Grupo Prisa empiece a enderezar sus problemas financieros mediante la venta de otra de sus empresas, el canal Cuatro, que se podría fusionar en breve con otra cadena aprovechando que el Gobierno ha cambiado también la ley para que las televisiones puedan suplir sus apuros económicos mediante operaciones de concentración, que hasta ahora estaban vetadas expresamente.

Por afinidad ideológica y posibles sinergias, la fusión más probable sería la de Cuatro con La Sexta. De hecho, el acuerdo estuvo a punto de materializarse antes del verano, pero el lío de la TDT ha enturbiado demasiado el ambiente entre sus casas matrices, Prisa y Mediapro. Ahora la opción que barajan los propietarios de Cuatro es la unión con Telecinco.

Sea como fuere, los próximos meses van a ser frenéticos porque el panorama audiovisual está en plena ebullición. "Todo el mundo está hablando con todo el mundo", reconocen desde una televisión nacional. La crisis ha reducido sensiblemente los ingresos por publicidad y el apagón analógico del mes de abril fragmentará aún más las audiencias, por lo que son inevitables ciertos movimientos de concentración para afrontar las dificultades en una mejor posición.

A aliviar algo esas dificultades está contribuyendo la eliminación progresiva de la publicidad en Televisión Española (TVE). El ente público, que con sus dos principales canales se ha llevado la mayor parte del pastel publicitario históricamente, no vende publicidad desde el 1 de septiembre y dejará de emitirla de forma definitiva a final de año, merced a una ley también aprobada a toda prisa antes del verano.

Pero, curiosamente, lejos de tranquilizar las aguas, la reducción de publicidad en TVE ha abierto un nuevo frente en la batalla televisiva, esta vez entre Telecinco y Antena 3. Ambas cadenas se han ido turnando con TVE-1 en el liderazgo de audiencias y la retirada de ésta de la competición publicitaria las deja como principales candidatas a llevarse los aproximadamente 500 millones de euros que ingresa cada año el ente público por los anuncios emitidos (en 2008 facturó 557 millones de euros). Eso sí, a cambio de este regalo las televisiones privadas tendrán que contribuir a la financiación de TVE entregando anualmente el 3% de sus ingresos, como prevé la nueva ley.

Según un estudio elaborado por la consultora Groupm, el dinero invertido por los anunciantes hasta ahora en TVE podría repartirse en el futuro de la siguiente manera: un tercio iría a parar a otras televisiones, otro tercio iría a publicidad en los demás medios (prensa, radio e Internet) y el último tercio se dejaría de gastar.

Además, la ley impide que Telecinco y Antena 3 se puedan fusionar porque de su unión nacería una televisión demasiado poderosa, así que ambas, dado que son las cadenas más saneadas de España, están abocadas a liderar cada una por su lado los diversos procesos de concentración que se puedan producir.

De ahí que las dos estén inmersas estos días en una guerra encarnizada por la audiencia cuyos escenarios tienen lugar mañana, tarde y noche. Telecinco, que llevaba un año horroroso y que en julio registró su peor audiencia media de los últimos tiempos (13,8%), ha empezado el curso poniendo toda la carne en el asador consciente de lo que está en juego. Así, ha adelantado el horario de El programa de Ana Rosa para hacer frente a Espejo público, liderado por Susanna Griso en Antena 3, y ha revitalizado la sobremesa recuperando al rey del tomate, Jorge Javier Vázquez, quien también se ha hecho cargo de un programa nocturno de cotilleos que está poniendo en apuros al hasta ahora invencible ¿Dónde estás corazón? de Jaime Cantizano. Y para completar la ofensiva ha recuperado su reality más exitoso (Gran Hermano), su serie más vista (Sin tetas no hay paraíso) y su enfant terrible, Risto Mejide, quien presenta un programa diario en la franja nocturna.

Dentro de esta agria pugna por la audiencia es donde hay que ubicar el reciente escándalo protagonizado por Belén Esteban, que es una de esas famosas cuya sola presencia en pantalla actúa como imán para millones de espectadores. Esteban es colaboradora de diversos programas de Telecinco y es una de las claves de que la cadena de capital italiano esté recuperando terreno durante las últimas semanas. De hecho, en lo que llevamos de septiembre Telecinco ha conseguido recuperar el liderazgo después de nueve meses malos.

De ahí que cuando el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid alertó sobre la utilización que hacía Esteban de su hija en televisión, la batalla entre Antena 3 y Telecinco se incrementara aún más: desde la primera se dio la noticia, aunque sin citar en principio a la afectada, y se abrió el debate sobre si los famosos deben o no aprovecharse de sus hijos, mientras que desde la segunda contraatacaron denunciando un supuesto intento de Antena 3 por silenciar a Esteban para no seguir perdiendo audiencia.

En cualquier caso, la polémica sobre Belén Esteban ha sido el último episodio de un verano especialmente revuelto en la pequeña pantalla, sobre todo a media tarde, cuando tanto Telecinco como Antena 3 mantuvieron programas de cotilleos donde lo mismo se pegaban a puñetazos dos colaboradores que se mantenía un sesudo debate sobre el número de testículos del torero Jesulín de Ubrique.

El Gobierno, que tan activo ha estado durante 2009 regulando el sector de la televisión, no es ajeno a lo que está pasando. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, ha transmitido en diversas ocasiones a los operadores su preocupación por el descontrol de algunos contenidos que se emiten en horario infantil. Y lo mismo sucede con el presidente del Gobierno, quien parece que este verano se ha escandalizado cuando ha intentado ver algunos canales con sus hijas.

Todo ello ha motivado que en círculos cercanos al Ejecutivo se esté barajando la posibilidad de tomar medidas para evitar que se incumpla el código de buenas prácticas que las propias cadenas acordaron en diciembre de 2004, y en donde se comprometieron a mimar especialmente el horario infantil.

Al igual que el Gobierno, mi vecino tampoco esquiva esta polémica, por eso hace unos días me preguntó sobre Belén Esteban. Yo le contesté que, como sucede con la TDT, todo tiene que ver con lo mismo: el dinero. "Pase que tenga que pagar por ver jugar a Kaká y a Cristiano Ronaldo, pero yo no pienso dar un céntimo nunca por oír los gritos de esa señora", me respondió enojado Jesús al salir del ascensor. El problema es que mi vecino todavía no ha entendido que, en el mundo de la televisión, lo que hoy parece imposible quizás mañana no lo sea.

Luis Bassat (Barcelona, 1941) está considerado el publicista español más importante del siglo XX. Tiene a sus espaldas más de 2.000 anuncios, pero ahora ha decidido ponerse delante de la cámara y presentar un concurso que veremos en ‘La Sexta’ desde el 28 de septiembre. Aparte de sus conocimientos publicitarios, Bassat tiene una larga trayectoria como asesor de las ciudades organizadoras de los Juegos Olímpicos (Barcelona, Atlanta, Sidney, Londres…), pero inexplicablemente el alcalde de Madrid no ha contado con él. Una de sus pasiones es el Barça, club que ha intentado presidir en dos ocasiones.

Él dice que está jubilado, y así nos va. Gente como Bassat no debería retirarse nunca porque, aparte de que está en plenas facultades, nuestra sociedad no puede permitirse desaprovechar su experiencia y su talento. Si yo fuera Zapatero, le contrataría de inmediato: el único que ahora mismo puede recomponer la maltrecha imagen del presidente del Gobierno es nuestro mejor publicista.

‘El aprendiz’ es su primer programa de televisión, menudo reto…

Por eso lo hago, porque es un reto. Vi la versión inglesa y me pareció que era el programa ideal para mí. He hecho más de 2.000 spots en mi vida, pero nunca había hecho un programa de televisión. Encuentro que es una experiencia interesantísima. Estoy encantado de haber aceptado y de haber convencido a mi familia.

¿Cómo surgió la idea de presentarlo?

Me lo propuso la cadena, pero tengo que reconocer que, cuando me llamaron la primera vez los de La Sexta, no me puse al teléfono. Ya me habían propuesto hacer cosas similares en televisión y las había rechazado, así que esta vez ni me lo planteé. Pero un día me encontré con Tacho Benet [consejero delegado de Mediapro, uno de los propietarios de La Sexta] y me pidió que lo reconsiderase. Me mandaron unos DVD de la versión inglesa, me gustaron, me entrevisté con ellos y puse muchas condiciones para aceptar, pero me las aceptaron todas. Lo primero que les dije es que yo no soy un actor y, por tanto, que yo no iba a hacer el papel de Donald Trump en la versión americana o el de Alan Sugar en la inglesa. Quiero hacerlo de verdad, será un programa sin trampa.

¿Cómo le explicaría a la gente lo que va a ver en ‘El aprendiz’?

Me van a ver a mí poniendo a prueba a 16 candidatos, ocho hombres y ocho mujeres, para ver con cuál de ellos me quedo para que se venga a trabajar conmigo. El premio para el ganador es un sueldo de seis cifras, es decir, un mínimo de 100.000 euros.

¿Cómo han seleccionado a los participantes?

Los hemos elegido entre más de 2.300 solicitudes que se presentaron por Internet. La lista de los 16 es buenísima. Son chicos y chicas que tienen muchas ganas de triunfar en la vida, de hacerlo bien. Hay ingenieros superiores, licenciados… y alguno que no tiene carrera.

¿Estamos ante una Operación Triunfo de parados?

No. Todos han pedido una excedencia en sus trabajos para grabar el programa. Y aviso una cosa: yo me voy a quedar con el finalista, pero estoy seguro de que habrá bofetadas para quedarse con muchos de los demás.

Son jóvenes y están bien preparados. Es decir, que no está todo perdido, que no todo es botellón y violencia…

Yo creo mucho en la juventud de nuestro país. Si conseguimos con este programa explicarle a la gente joven que preparándose se pueden alcanzar mejores objetivos en la vida, habrá mucha más gente que se apunte a la universidad. En este programa va a quedar claro que la gente que se prepara tiene mejor futuro que la gente que no lo hace.

Es decir, que los que tiran piedras en Pozuelo de Alarcón son una minoría.

Lo que pasa es que en los medios de comunicación no sale la gente que hace bien las cosas. Los millones de jóvenes que están estudiando, trabajando, buscando trabajando… yo creo que tenemos una juventud extraordinaria. Y la obligación del Estado, de los empresarios y de los mayores es que esa gente tenga oportunidades para el futuro y posibilidades de demostrar de lo que son capaces.

¿Por qué los empresarios suelen tener tan mala fama?

Si acepté el programa fue para hablar bien del empresario, para que se viera que un empresario no busca sólo ganar dinero en su vida. El que sólo busca ganar dinero acaba no ganando ni eso. El que busca hacer bien las cosas, el que tiene como objetivo fabricar las mejores mesas, ese tío acabará fabricando las mejores mesas y además ganando dinero. Muchos empresarios se juegan el patrimonio de su familia y lo hipotecan para poder pedir unos créditos para poder ampliar su fábrica. Es gente que se juega su vida, que no duerme por las noches y que tiene esa capacidad emprendedora. Y es perfectamente lógico que ganen dinero, como también lo es que paguen bien a la mejor gente que encuentren. Mi secreto en publicidad siempre ha sido precisamente ése: es mejor tener a la mejor gente y pagarle bien que tener muchos empleados mal pagados. En mi sector hay personas que hacen el doble de trabajo que otras, son mucho mejores que otras, pero nunca ganan el doble. Es mucho mejor pagarles el doble. Yo prefiero mandar una sola persona que sea muy buena a ver a un cliente, pero otras agencias envían hasta a ocho personas.  

Cada semana despedirá a un concursante. ¿Cómo se le dice a alguien que está despedido?

En la tele tengo pocos minutos para hacerlo y seré muy concreto. Pero en mi vida he dedicado muchas horas a despedir a cada persona, he escuchado a veces toda una mañana, a veces he continuado por la tarde, a veces varios días. Siempre he intentado entender su problema y ponerme en su piel y, si a pesar de todo he seguido pensando que tenía que despedirla, la he despedido, pero siempre tratando de ayudarle a encontrar otro trabajo en otro sitio o en otro puesto menos exigente o distinto. Sólo ha habido dos casos en mi vida de gente a la que he despedido fulminantemente por dos hechos absolutamente inaceptables, y entonces sí fui muchísimo más duro. En el programa puse como condición que la decisión sobre el despido la tuviera yo: así que despediré al que yo crea que hay que despedir en cada momento. En Inglaterra se despide a la gente muy brutalmente, pero yo no soy un actor, voy a hacerlo a mi manera. Les diré la frase “está usted despedido”, pero les daré también algunas razones.

¿Despedir a alguien es lo más duro de ser empresario?

No, he hecho cosas más duras, como ir a entierros de personas que trabajaban conmigo. Seguramente lo más duro que yo he hecho como empresario es ir a identificar el cadáver de una chica maravillosa que yendo al aeropuerto a coger un avión un día de mucha lluvia se salió de la autopista y chocó con un camión. Murió al instante y la tuve que identificar. Han muerto tres personas de mi equipo en todos estos años. Despedir al lado de esto no es nada.

¿Se ha arrepentido alguna vez de haber despedido a alguien?

No. Creo que siempre he sido justo cuando he despedido a alguien.

¿Cómo ve la crisis actual?

Mal. No estamos saliendo como tendríamos que estar saliendo. Francia, Alemania y Estados Unidos están saliendo ya, pero nosotros vamos muy atrasados. Hemos cometido muchos errores. El primero y más grave: no reconocer que estábamos en una crisis. Cuando tú no reconoces el problema es imposible que lo soluciones. Lo primero que uno tiene que hacer cuando tiene un problema es identificarlo, reconocerlo, averiguar cuáles son las causas y buscar las soluciones. Segundo: hemos sido un poco prepotentes. Recuerdo ahora algunas declaraciones en las que les explicábamos a otros jefes de Estado que nosotros estábamos estupendamente y que les íbamos a superar. Esa no es la actitud correcta. Hasta en los mejores momentos de mi agencia no he ido por ahí diciendo que éramos los mejores, en todo caso he dejado que lo dijeran otros. Y ahora que somos conscientes de la crisis no sé si estamos tomando las medidas adecuadas. Yo comprendo muy bien que cuando a una persona se le acaba el subsidio de paro no se puede dejar que se muera de hambre y, por tanto, hay que ayudarle. Pero yo creo que es mucho mejor, como dijo Mao Tse Tung hace años, dar la caña de pescar, es decir, encontrarle un trabajo. Darle un dinero, como medida urgentísima, me parece muy bien, pero lo primero es conseguir empleos, y esos no los consigue el Estado.

¿Tiene alguna receta para salir de la crisis?

Que el Gobierno ponga los medios para que las empresas vayan mejor y puedan ofrecer más puestos de trabajo. Felipe González dijo una vez que como socialista era partidario de repartir la riqueza, pero que primero había que crearla y que para crearla había que ayudar a los empresarios. Suscribo esa frase. En este momento los empresarios deberían recibir el máximo tipo posible de ayudas para que empiecen a ir bien otra vez y que puedan volver a generar puestos de trabajo que hagan que sea innecesario entregar 400 euros a los parados a los que se les ha acabado el subsidio. España tiene una mano de obra buena y podemos competir con los países de nuestro entorno, pero para eso tenemos que conseguir que los empresarios tengan unas condiciones que no tenemos. Seguimos padeciendo unas burocracias importantes para conseguir permisos. Hay que dar facilidades para que la gente emprenda.

Intuyo entonces que no es muy partidario de la subida de impuestos como solución.

No soy nadie para criticar al Gobierno. A lo mejor esas medidas son necesarias, pero también son necesarias otras que hagan que a más gente le venga el gusto de ser empresario. Yo intentaría que la gente se arriesgara y montara un negocio. Fomentar la creatividad típica española. Que más personas se hagan empresarios. Además de las medidas para proteger a la gente más necesitada, yo tomaría también medidas para que los empresarios vuelvan a ir bien y vuelvan a generar puestos de trabajo.  

Si el Gobierno le contratara para ‘vender’ su subida de impuestos, ¿cómo lo haría para que la gente no se enfade demasiado?

Primero tendría que estar de acuerdo con el producto que he de anunciar. Y a lo mejor no estoy 100% de acuerdo con ese producto y entonces no lo sabría anunciar. Pero si a mí me convenciera el Gobierno de que esta medida es buena y además pone otras en un paquete total de medidas todas ellas encaminadas a ayudar a los más débiles y a los empresarios, es decir, un plan bien pensado para que la economía española crezca, yo lo haría gratis. Me pondría a trabajar de inmediato en esa campaña, pero me tendría que convencer del producto: si yo estuviera 100% de acuerdo con todas las medidas, me tiraría de cabeza.

Tengo entendido que donará el sueldo de su programa a una fundación.

Tengo una fundación que ayuda a niños necesitados en África, pero me he topado con la burocracia: yo quería hacer el trabajo gratis y destinar a la fundación el dinero que me iban a pagar, pero legalmente no se puede hacer así. Yo, que estaba jubilado, me he tenido que volver a dar de alta en la seguridad social y constituir una empresa para que me pague un sueldo a mí y a mis colaboradores. Es todo demasiado complicado. Al final haré un donativo a mi fundación con lo que quede, pero no puedo asegurar de cuánto.

Usted dirigió las ceremonias de los Juegos Olímpicos de Barcelona y asesoró en los de Atlanta y Sidney. ¿Le gustaría hacer lo mismo en los de Madrid?

Yo me ofrecí en su día a Alberto Ruiz-Gallardón incondicionalmente para ayudar a Madrid, pero entiendo que el alcalde ha querido tener su equipo y no he tenido la oportunidad de ayudar, pero me hubiera gustado mucho hacerlo. 

¿Algún consejo para conseguir los Juegos?

Ahora ya no. Mi consejo hubiera sido haber hecho un esprint mucho más fuerte para conseguir los de 2012, que es cuando creo que los hubiéramos podido ganar. Ahora lo veo más difícil. Aunque no haya reglas escritas, para el Comité Olímpico Internacional darle los Juegos dos veces seguidas a Europa supone enfrentarse con los países americanos y asiáticos. Si hubiéramos estado a tiempo, si ahora acabáramos de perder los de 2012, yo hubiera propuesto una estrategia distinta: Madrid hubiera podido jugar una carta importante diciendo que algunas pruebas se celebrarían en ciudades africanas como Casablanca, Túnez… Hubiéramos tenidos los votos de todos los países africanos, que nunca han organizado los Juegos, y además hubiera sido algo tan novedoso que creo que hubiéramos tenido ventaja. Pero ahora ya es tarde. Si ganamos los de 2016, desde ahora mismo digo que me brindo a apoyar los Juegos con todo lo que yo he aprendido en mi vida. Y si no los ganamos, a ayudar desde el primer día para hacer una candidatura imbatible para el 2020.

¿Qué le pareció la ceremonia de los Juegos de Pekín?

Espectacular. Si Steven Spielberg no hubiera dimitido, hubieran hecho una ceremonia imposible de batir. Hubiera sido una ceremonia perfecta y además hubiera tenido la emoción que Spielberg es capaz de poner en sus películas. Faltó un poco de emoción. He estado hablando con el responsable de las ceremonias de Londres y me ha explicado su preocupación tras lo de China. Y yo le he dicho: “¿Ustedes preocupados? ¿Quiénes son los amos de la música en el mundo, quiénes tienen a los Beatles, quiénes tienen a U2, quiénes tienen el teatro musical?… No intenten hacer otra cosa, no hagan una ceremonia china, hagan una ceremonia inglesa. Cojan lo mejor que tengan, el suspense de Agatha Christie, la música de los Beatles, la calidad cinematográfica y teatral de sus grandes actores… y conseguirán una ceremonia impecable y emocionante. Pero no quieran poner a 2.000 personas moviendo el dedo al unísono porque eso lo harán los chinos mejor que ustedes”.

Usted fue dos veces candidato a las elecciones del Barça, ¿lo volverá a intentar el año que viene?

No. No tuve una buena experiencia. La primera vez me ganó Joan Gaspart por cosas que no fueron las más elegantes del mundo. La experiencia de las segundas fue peor: me encontré con amenazas, lo pasé muy mal, sobre todo mi familia. Fueron momentos de una bajeza increíble. Preferí perder las elecciones a perder la dignidad.

Es curioso: Joan Laporta ha acabado contratando como entrenador a quien usted llevaba en su candidatura.

Laporta me acusaba a mí durante la campaña electoral de no entender de fútbol entre otras razones por llevar conmigo a gente que no tenía experiencia, como Guardiola, que era mi director técnico. Yo he fichado a mucha gente y puede que no sepa de fútbol, pero de personas sí. Y con Guardiola no me equivocaba.

Al menos siempre le quedará la victoria moral de saber que el Barcelona ha ganado el triplete con la persona que era su gran apuesta.

Exacto. El Barça ha conseguido lo que yo esperaba conseguir algún día con quien yo esperaba conseguirlo. Me cabe esa satisfacción. Guardiola es un crack, un tipo de una inteligencia excepcional, de una calidad humana excepcional y de un rigor excepcional. Es un hombre diez. Si un día Pep quiere ser presidente del Barça, yo le votaré.

¿Qué cree que pasará el año que viene en las elecciones?

No creo que gane ninguna junta continuista, y será una demostración de que los socios no le atribuyen a esta junta el éxito y que se lo atribuyen a Pep. Yo creo que si se presenta Sandro Rosell tiene más posibilidades que un candidato continuista. Tuvo la vista de marcharse a tiempo y tiene gran predicamento entre los barcelonistas. Pero tiene que ir con mucho cuidado a la hora de elegir a la gente con la que se rodea. Ahora no debe preocuparse de ganar las elecciones, sino de no perderlas.

¿Qué opina de Florentino Pérez?

Lo conozco muy bien, es una gran persona y un gran empresario, y va a ser un muy buen presidente del Real Madrid. De entrada ha conseguido una cosa importantísima: después de que el Barça ganara las tres copas, todo el verano se ha estado hablando del Real Madrid y eso demuestra una inteligencia enorme.

ARTÍCULO ESCRITO EL LUNES 8 DE JUNIO A LAS 00.32 HORAS

Los resultados de las elecciones europeas celebradas el 7 de junio dejan cuatro importantes novedades:

1.- EL PARTIDO POPULAR ALCANZA SU MEJOR RESULTADO EN UNAS EUROPEAS. Se han cumplido los pronósticos. El PP ha ganado las elecciones con dos escaños más que el PSOE, que se ha visto castigado con la pérdida de 700.000 votos respecto a hace cinco años. Mucho se hablará en los próximos días sobre si la holgura de la victoria del PP en estas elecciones es suficiente para que Mariano Rajoy siga al frente del partido. Sin embargo, los datos son claros: el PP ha obtenido su mejor resultado en unas elecciones europeas si se toma como medida el porcentaje de voto (42%). Además, el PP ha demostrado mantener intacto su músculo electoral en comunidades donde le saca una ventaja abismal al PSOE, como Castilla y León, Madrid, Comunidad Valenciana, Galicia... e incluso logra vencer con comodidad en sitios menos propicios como Castilla-La Mancha. ¿Es suficiente todo esto? Seguramente el sector crítico del partido pensará que no argumentando, no sin cierta razón, que en una coyuntura tan negativa para el Gobierno la ventaja del PP sobre el PSOE debería haber sido mayor. Además, respecto a hace cinco años, cuando todavía estaban calientes los rescoldos del 11-M, el PP sólo ha logrado subir un punto porcentual y 220.000 votos. Los resultados del PP, pues, son buenos, pero Rajoy y su partido harían bien en preguntarse por qué, con la que está cayendo (cuatro millones y medio de parados), no son capaces de sumar todavía más votantes a su proyecto.

2.- GANA LA ABSTENCIÓN, Y EL VOTO EN BLANCO, SÉPTIMA FUERZA MÁS VOTADA. Pese a la victoria del PP, conviene tener presente que la mayoría de los ciudadanos con derecho a voto no ha acudido a las urnas. La participación se ha quedado finalmente en el 46%, muy similar a la de hace cinco años. Europa sigue sin entusiasmar y eso debería llevar a los partidos a una reflexión al respecto. Y más si cabe cuando vemos que el voto en blanco se ha convertido en la séptima 'fuerza' más votada de España, con 220.000 seguidores, más del doble de lo que esta opción logró en las elecciones anteriores. Son ya demasiados los españoles que no encuentran una opción adecuada entre los múltiples partidos que se presentan a los comicios.

3.- UPD, AL ACECHO DE IZQUIERDA UNIDA. El partido que lidera Rosa Díez sigue su tendencia al alza cosechando 450.000 votos y un escaño para el profesor Sosa Wagner. UPD tenía el reto de convertirse en la tercera fuerza política de España, pero finalmente no ha logrado adelantar a Izquierda Unida en el cómputo general porque la coalición de izquierdas ha conseguido mantener sus posiciones en Cataluña y Andalucía. Pese a ello, UPD es ya la tercera fuerza en la mayoría de provincias españolas y ha borrado del mapa electoral a Ciudadanos, que ha obtenido apenas 22.000 votos y que está al borde del precipicio debido a su grave crisis interna y a su equivocada política de alianzas.

 4.- LOS PROETARRAS REÚNEN A 175.000 ESPAÑOLES. Iniciativa Internacionalista, la lista para la que había pedido el voto la izquierda abertzale, no ha logrado finalmente representación en el Parlamento Europeo, pero se ha quedado a las puertas. Esta coalición ha conseguido 175.000 votos en toda España, de los que 115.000 han salido del País Vasco. Esta cifra sitúa a Iniciativa Internacionalista como el cuarto partido más votado del País Vasco, con el mismo número de votos que el Partido Popular.

La campaña electoral que está teniendo lugar estos días con motivo de los comicios europeos del 7 de junio está resultando una de las más anodinas de la historia de la democracia en España. Los candidatos no ilusionan, los partidos no se esfuerzan en explicar a los ciudadanos lo que está en juego y la terrible coyuntura económica ha dejado las elecciones en un plano muy secundario.

El dato de participación de los comicios puede rozar cotas históricas, superando incluso aquel raquítico 42% que se logró en el referéndum sobre la Constitución Europea celebrado el 20 de febrero de 2005. Buena parte de la culpa de que los ciudadanos ni siquiera se hayan enterado de que hay elecciones la tiene la maldita crisis: los partidos han reducido drásticamente su propaganda y los medios de comunicación, que son uno de los sectores más afectados por la crisis, han renunciado a hacer campaña junto a los candidatos, por lo que la cobertura de estas elecciones está siendo inferior a cualquier otra.

Para colmo, el nivel de los candidatos deja mucho que desear. Así se ha visto durante los dos debates cara a cara celebrados entre Jaime Mayor Oreja y Juan Fernando López Aguilar. Ambos han estado más preocupados de desacreditar al contrario que de exponer su visión sobre la Unión Europea. E imperdonables son determinados errores de bulto cometidos durante esos debates, sobre todo por parte de López Aguilar, que demuestran que ni siquiera ellos se conocen la materia europea.

Las elecciones autonómicas del 1 de marzo han dejado cuatro novedades que conviene no perder de vista:

1.- En el País Vasco existe la posibilidad real de que se inicie una nueva era, sin el PNV en el poder. No conviene echar las campanas al vuelo, pero los resultados de las urnas permiten que se pueda producir un cambio de Gobierno histórico. Después de 30 años, los nacionalistas vascos podrían pasar a la oposición y el lehendakari podría ser un socialista de apellido López, casi nada.

2.- El nacionalismo, tanto gallego como vasco, ha dado señales de retroceso. En Galicia, el Bloque Nacionalista Galego ha perdido 45.000 votos a pesar de que la participación ha sido la mayor de la historia de esa comunidad. En el País Vasco, la suma de todos los partidos de ámbito estatal es por primera vez superior a la suma de todas las formaciones de ámbito autonómico, tanto en votos como en porcentaje de voto.

 3.- Mariano Rajoy sale fortalecido. El Partido Popular ha recuperado la mayoría absoluta en Galicia con un candidato joven y muy cercano a Rajoy. Y, aunque buena parte del éxito en esa comunidad se debe a los errores del Gobierno socialista de Touriño, es justo que el líder del PP quiera atribuirse el mérito para afianzar su liderazgo. De hecho, no nos engañemos, en plena crisis interna y con escándalos de corrupción por doquier, nadie daba un duro, ni siquiera las encuestas, a que el PP fuera a recobrar la mayoría absoluta con tanta holgura. Por su parte, los resultados en el País Vasco sí son claramente peores que los de hace cuatro años, pero en esta comunidad el PP no aspiraba a ganar las elecciones, sino simplemente a ser decisivo a la hora de elegir lehendakari. Y así será. Si todo sigue el guión previsto, los escaños del PP jugarán un papel fundamental en la gobernabilidad de la región, lo cual deja en un segundo plano si se han perdido votos por el camino.

4.- Zapatero, obligado a cambiar de socios. El presidente del Gobierno tiene un tremendo dilema encima de su mesa. Si da el paso de echar al PNV del Gobierno vasco, perderá sus apoyos a la hora de sacar adelante leyes fundamentales en Madrid, como los presupuestos generales. Si acaba por pactar con el PNV en Euskadi, corre el riesgo de perder estrepitosamente las elecciones europeas de junio porque media España no entendería que desaprovechara la ocasión de desalojar a los nacionalistas del Gobierno vasco. Lo más probable es que Zapatero deje manos libres a Patxi López para gobernar en minoría en el País Vasco, lo cual obligará al Gobierno central a buscar apoyos alternativos al PNV. CiU tiene todas las papeletas, pero para ser el nuevo compañero de viaje pedirá un cambio en Cataluña, donde no le dejan gobernar los socialistas a pesar de ser la fuerza más votada. Por tanto, Zapatero tendrá que buscar apoyos debajo de las piedras. Todo hace indicar que podría tener serios problemas para garantizar la gobernabilidad del país. 

Cuando el último premio Nobel de Economía, Paul Krugman, tituló un artículo en su blog con un pareado alusivo a España, seguro que más de una alarma sonó en el palacio de la Moncloa. Era el 19 de enero y aquel “The pain in Spain… isn’t hard to explain” (el sufrimiento de España no es difícil de explicar) sirvió para que muchos entendieran cómo la pertenencia al euro, tantas veces sacralizada durante los últimos años, se ha convertido en un obstáculo a la hora de afrontar la crisis. “Contrariamente a lo que se suele decir, ser miembro de la eurozona no te inmuniza contra la crisis”, escribió aquel día Krugman.

 

Según el premio Nobel, España necesita ser más competitiva para salir del bache y, dado que no puede devaluar la moneda para conseguirlo, sólo le queda la vía de la reducción de salarios, algo que hará más complicado y lento el proceso de recuperación.

 

Y es que nos encontramos en la primera gran crisis desde la entrada en vigor de la moneda única y, puesto que los países de la eurozona tienen cedida su política monetaria al Banco Central Europeo (BCE), ahora la solución no puede ser la misma que en anteriores recesiones, cuando España dejaba caer su moneda para salir del atolladero haciendo más atractivos sus precios: exportaciones y turismo se recuperaban de inmediato.

 

“El euro nos ata de pies y manos –reconoce el analista Fabián Ramón–. Para salir de la crisis hace falta mejorar la competitividad y ahora mismo la única manera de lograrlo es trabajar más por menos dinero”.

 

Como la solución de reducir los salarios o aumentar las horas de trabajo será complicada, cabe preguntarse si la incorporación al euro ha sido un buen negocio para España. En este punto, la mayoría de los analistas coinciden en subrayar la estabilidad de la que se ha gozado en el último decenio gracias al paraguas protector del euro.

 

No obstante, es ahora, cuando llegan las vacas flacas, cuando adquieren renovada relevancia las voces críticas con la moneda única. Según Ramón, “con la peseta nunca hubiéramos llegado a esta situación tan negativa porque hubiésemos podido subir los tipos de interés durante los últimos años para evitar el recalentamiento de la economía”.

 

Según el análisis de este economista, España no se debería haber incorporado a la eurozona hasta no haber acompasado su ciclo económico con Alemania y Francia, cuya endeble situación ha obligado al BCE a mantener una política de tipos bajos durante los últimos años mientras la coyuntura en nuestro país aconsejaba todo lo contrario para no cebar demasiado la burbuja inmobiliaria.

 

Sin embargo, una vez metidos en el euro, no hay marcha atrás. Salirse ahora de la moneda única sería catastrófico porque tanto los ciudadanos como los bancos están endeudados en euros y, si se crea una nueva moneda para poder devaluarla y salir así de la crisis, las deudas dispararían su valor y no se podrían pagar, lo que conduciría a la quiebra del sistema.

 

Por tanto, ahora ya no queda más remedio que mantenerse en el euro y aguantar el tirón.

 

Nunca es tarde si la dicha es buena. Esto es lo que debió pensar el vicepresidente del Gobierno, Pedro Solbes, cuando el 16 de enero se descolgó con la presentación de un escenario completamente negro para España durante 2009. Las previsiones gubernamentales por fin coincidían con el consenso de los analistas. Era la primera vez desde que estalló la crisis que el Ejecutivo admitía sin medias tintas su gravedad.

 

El día elegido para hacer semejante cura de realismo no fue casual. El Gobierno debía aprobar, para su envío inmediato a Bruselas, la actualización del Programa de Estabilidad, que es una especie de rendición de cuentas ante la Unión Europea sobre la situación económica del país. El Ejecutivo estaba obligado a ser lo más realista posible a la hora de elaborar ese Programa porque la Comisión Europea juzgaría la actuación del Gobierno durante los próximos meses tomando como base los datos contenidos en el mismo.

 

Tampoco es casual que el anuncio del 16 de enero tuviera lugar justo 72 horas antes de que el departamento económico de la Comisión, que Solbes dirigía hasta 2004 y que ahora sigue comandando un socialista español, Joaquín Almunia, también revisara sus previsiones y dibujara un escenario mucho más negativo. Los datos publicados el viernes sirvieron para preparar el terreno y amortiguar el duro golpe de las cifras llegadas desde Bruselas el lunes.

 

Ante la tesitura de que Almunia sacara los colores a Zapatero anunciando un panorama sombrío para nuestro país mientras el Gobierno seguía negándose a reconocerlo, el Ejecutivo decidió adelantarse a la noticia y admitir por fin la gravedad de la situación.

 

El problema es que el Ejecutivo ha estado durante meses negando la existencia misma de la crisis y luego su alcance y consecuencias. Así, a pesar de que la burbuja de las hipotecas basura se pinchó en Estados Unidos en el verano de 2007 y ya desde aquel otoño empezaron a cambiar de signo ciertos indicadores, el Gobierno no se ha dado por enterado hasta que España ha superado los tres millones de parados.

 

Esa tardanza en el diagnóstico ha provocado que se estén aplicando en 2009 unos presupuestos generales del Estado que están basados en unas premisas completamente obsoletas. De hecho, las cuentas públicas que se están aplicando desde el 1 de enero están elaboradas con la hipótesis de que la economía española crecerá este año el 1%, cuando el propio Ejecutivo admite ya sin rubor que lo que habrá es un retroceso del PIB del 1,6%.

 

Respecto al déficit público, llama la atención su espectacular crecimiento en los últimos meses. Mientras en 2007 el saldo presupuestario de las arcas públicas era positivo (2,2%) y el Gobierno sacaba pecho de lo bueno que era tener superávit, en apenas un año se ha tirado por la borda todo el saneamiento realizado durante la década anterior. Así, y según el Gobierno, el déficit público alcanzó el 3,4% a finales de 2008 y este año terminará en el 5,8%, cota que no se alcanzaba desde 1995. Si el dato se confirma, a finales de año España será, después de Irlanda, el segundo país con más déficit de toda la zona euro.

 

Eso quiere decir que, a día de hoy, España incumple uno de los criterios de Maastricht que permitieron el ingreso de nuestro país en el euro: se ha superado el 3% de déficit público que fija como tope el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC). Por tanto, en cuanto los datos del Ejecutivo lleguen a Bruselas, la Comisión se verá obligada a iniciar la amonestación prevista para los casos de "déficit excesivo".

 

Resulta curioso que el primer ministro de Economía que haya incurrido en déficit excesivo sea Solbes, quien durante cinco años fue el adalid del PEC cuando era comisario europeo de Asuntos Económicos. Mientras trabajó en Bruselas, Solbes cantó las excelencias de mantener las cuentas públicas saneadas. Y ahora parece haber mudado de criterio.

 

Pero, aparte de reconocer el negro futuro que nos espera, el Gobierno también ha cambiado estos días su discurso respecto a cuándo saldremos del atolladero. Al principio, cuando no se admitía ni la existencia de la crisis, se hablaba de que esto sería un pequeño paréntesis. Luego, una vez que se entró en recesión, el Gobierno dio a entender que para primavera se vería la luz, y así lo dijo Zapatero ante el Congreso de los Diputados hace apenas tres semanas.

 

Sin embargo, unos días antes del Consejo de Ministros del 16 de enero, durante el vídeo de presentación del plan E, el presidente del Gobierno ya admitió que la salida a la crisis no llegaría hasta el otoño… y su ministro de Economía, en la entrevista que concedió el domingo 18 a El País, se destapó con que no saldremos de la crisis hasta, como mínimo, "finales de 2010".

 

Esa declaración de Solbes coincide plenamente con las previsiones de la Comisión, ya que este organismo augura que España será, junto a Portugal, el único país de la zona euro que durante 2010 continúe en recesión, con un decrecimiento del 0,2% del PIB y una tasa de paro del 18,7%, el nivel más alto de entre los 27 países que integran la Unión Europea.

 

Que el Gobierno ha cambiado de discurso es evidente. Sin embargo, queda la duda de si el Ejecutivo ha estado jugando todo este tiempo con los ciudadanos dosificando según le convenía la información o es que no se entera de nada y por eso va acomodando sus palabras obligado por las circunstancias. Cualquiera de las dos opciones deja al Ejecutivo en muy mal lugar, de ahí que la figura de Pedro Solbes, antaño hombre respetado, esté cada día más desprestigiada.

Barack Hussein Obama está a punto de convertirse en presidente de los Estados Unidos. Hace apenas un año, cuando despuntaba 2008, en la revista Tiempo le dedicamos una portada aprovechando una entrevista exclusiva que teníamos con él. Por entonces casi nadie daba un duro por ese candidato negro que luchaba con cuatro compañeros más por hacerse con la candidatura del Partido Demócrata.

Hoy, un año después, ya sabemos que, una vez más, en Estados Unidos todo es posible. Aquel país nunca deja de sorprender al mundo, es capaz de lo mejor y de lo peor. Es capaz, como por arte de magia, de pasar de George Bush a Barack Obama sin que por medio haya habido una revolución social.

Es indudable que Obama traerá aire fresco a la política estadounidense y... también a la mundial. Es joven, negro y, para colmo, nunca ha desempeñado ningún cargo público de gestión. Por tales motivos, y por su gran carisma, su elección ha despertado inusitadas esperanzas, dentro y fuera de Estados Unidos. En este sentido, conviene ser prudentes. Habrá que juzgarle por sus hechos y, de antemano, tiene todas las papeletas para salir malparado porque la capacidad de decepción suele ser directamente proporcional a las esperanzas depositadas en un político.

De momento, aunque todavía no ha tomado posesión, hay que reprocharle dos cosas: los escándalos en los que andan envueltos algunos de sus colaboradores y la tibieza con que ha reaccionado ante lo que estaba sucediendo en Gaza. Esperemos que una vez en la Casa Blanca enderece el rumbo.

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