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Jordi Sevilla (Valencia, 1956) fue ministro de
Administraciones Públicas nada más ganar Zapatero. Hace casi un año dejó la
política para trabajar en la empresa privada y dedicarse a su pasión: escribir
novela policiaca. Ahora acaba de publicar ‘La joven de la foto’, su primer
intento literario. A continuación se publica el texto íntegro de la entrevista que esta semana publica la revista TIEMPO.
Un ex ministro metido
a novelista no es algo muy común.
Bueno, yo en realidad soy más bien un novelista frustrado
que se tuvo que meter a ministro. De hecho, la novela está escrita mucho antes
de que yo fuera ministro.
¿Y por qué no la ha
publicado hasta ahora?
Cuando la terminé, empecé a hablar con un editor, pero como
me fui involucrando más activamente en el mundo de la política, los dos
decidimos que no era el momento más adecuado para publicarla. Así que la metí
en un cajón durante diez años y ahora las circunstancias han hecho que ese
amigo editor siga teniendo interés en publicarla.
¿Por qué novela
policiaca?
Porque me gusta y porque me parece más accesible a mis
capacidades como escritor.
¿Por qué el detective
tiene el apellido de su mujer?
Es una broma familiar. Raymond Chandler tenía muchas
dificultades para poner nombres y siempre tiraba de sus amigos y conocidos. Y
yo he hecho lo mismo: la novela está llena de nombres de familiares y amigos.
¿Cómo es su vida
ahora?
He descubierto que hay vida después de la política: una cosa
es saber que existe la torre Eiffel y otra verla y vivirla. Trabajo bastante,
pero me estoy divirtiendo mucho. He recuperado una sensación de libertad:
dentro de un orden, puedo pensar, hacer y decir lo que quiera. Eso, para mi
sorpresa, me ha desatado la creatividad. Estoy lleno de ideas y proyectos.
¿Cuándo ve a los
ministros actuales, en qué piensa?
Cada momento de tu vida tiene una etapa. Yo quería ser
ministro y lo he sido, pero es una etapa pasada. No les envidio.
Es decir, ve imposible
regresar.
Ni lo veo probable ni lo deseo. Espero no trabajar nunca
tanto como cuando fui ministro ni ganar tan poco dinero a cambio. Mis ganas de
volver son cero.
¿Cómo es ahora su
relación con Zapatero?
Es la que hemos mantenido siempre, si bien nunca hemos sido
amigos de ver los partidos de fútbol. Le respeto mucho y tengo la impresión de
que él a mí también me respeta. A veces intercambiamos posiciones y me consta
que lee mis artículos, aunque a veces discrepe de su contenido.
¿Se ha sentido
maltratado por Zapatero?
No. Le estoy mucho más agradecido de que me nombrara
ministro que de que luego considerara que me tenía que cesar.
¿Y cómo le ve ahora?
Un poquito agobiado. Está viviendo sus horas más bajas.
¿Tiene futuro ZP?
Creo que remontará durante los próximos meses. Va a agotar
la legislatura y creo que encabezará las listas del PSOE en las próximas
elecciones. Y el resultado de esas elecciones no está nada claro, puede pasar
cualquier cosa.
¿No sería mejor para
el PSOE que Zapatero no fuese el candidato?
La lógica de funcionamiento del PSOE lo impide salvo que se
produzca su propia renuncia.
¿Es necesario un
cambio de Gobierno?
Se le da demasiada importancia al Gobierno. La
política está
cada vez más centrada en los líderes. Las personas que forman el
Gobierno no
son tan determinantes, lo importante es que haya coherencia,
coordinación, que
no se meta la pata, que se reme en la misma dirección… En este momento
la
prioridad del país no pasa por un cambio de Gobierno. Esta sociedad
devora los
cambios de tal manera que, si hace un cambio de gobierno, a la semana se
le pedirá
otro. Lo importante es la política que se aplique y esa la decide el
presidente.
Usted fue muy crítico
con cómo afrontó ZP el principio de la crisis. ¿El volantazo que ha dado
recientemente es correcto?
Él reconoció en público que se equivocó tardando en darse
cuenta de la importancia de la crisis. Por tanto, me siento reivindicado en ese
sentido porque yo era de los que creían que esto era una crisis importante. Ha
tardado en darse cuenta de que la gravedad de la situación exigía reformas
profundas, pero hubiera sido mejor haberlo hecho todo junto en un mismo paquete
pactando con las comunidades autónomas y con el principal partido de la
oposición. Creo que está haciendo las cosas que tiene que hacer aunque no las
está haciendo de la manera que yo creo que las debería hacer.
¿Qué habría que hacer
para salir del hoyo que no estemos haciendo todavía?
Bajar las cotizaciones sociales cuatro o cinco puntos. Y eso
obliga a cambiar el modelo de financiación de las pensiones: tendremos que ir a
complementarlo con una contribución social generalizada y vincularlo más a la
riqueza que a la evolución de la edad de los ciudadanos. Sería una medida
novedosa y espero que en algún momento alguien se dé cuenta de ello.
¿Mejorará la economía
gracias al mundial de fútbol?
Sí. Tendrá un impacto positivo porque la crisis económica
tiene un componente psicológico muy importante. Esto supone una inyección de
autoestima que va a ayudar a que abordemos las tareas pendientes con mucho
optimismo.
¿Y ayudará a
cohesionar más el país?
No sé si ayudará a cohesionar el país, pero todo esto ayuda
a situar en niveles de ridiculez algunas de las pretendidas separaciones que
algunos todavía plantean a estas alturas. La inmensa mayoría de los españoles
no tiene ninguna dificultad con ser españoles y vascos, españoles y catalanes,
españoles y riojanos, españoles y valencianos…
¿Qué le parece la
sentencia del Estatut?
Es muy ponderada, está hecha a favor del Estatut. Eso sí, el
procedimiento demuestra que para este tipo de leyes que se cambian cada 30 años
deberíamos recuperar el recurso previo de inconstitucionalidad para que lo que
voten en referéndum los ciudadanos sea el texto definitivo.
Pero en Cataluña se
ha interpretado la sentencia como una agresión.
Cataluña es una parte diferente de España. Son diferentes y
les gusta que se lo digamos. Por eso hay que buscar mecanismos para ello. El
Estatut es un buen mecanismo. Entiendo las protestas que se han generado en
Cataluña, pero son mucho más en clave de precampaña electoral que de desacuerdo
profundo con la sentencia.
Zapatero ha sugerido
que la sentencia podría suponer el fin del desarrollo autonómico.
Yo creo que tenemos un Estado a medio hacer. Todavía hay que
redefinir el papel del Gobierno central y las relaciones de cooperación entre
éste y las comunidades autónomas.
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