Jesús Izquierdo, mi vecino del cuarto, está completamente desorientado. Lleva tres semanas recorriéndose todas las tiendas de electrodomésticos de Madrid y no encuentra el dichoso descodificador que es necesario para ver Gol TV, el canal que por sólo 14,90 euros al mes ofrece tres partidos de fútbol cada semana. Jesús no es muy aficionado al balón, pero el nuevo Real Madrid de Florentino Pérez le ha ilusionado tanto que ha decidido aprovechar la oferta.

Eso sí, Jesús también está cabreado. No entiende por qué el Gobierno nos metió tanta prisa a la hora de pasarnos a la Televisión Digital Terrestre (TDT), con la adaptación de las antenas colectivas y la compra de descodificadores, y ahora resulta que todos los aparatitos que se han vendido durante los últimos cuatro años no sirven para ver los canales de pago, como el mencionado Gol TV.

Jesús sabe que no es el único que está enojado. Ha visto que las televisiones, las radios y los periódicos andan a la gresca por este motivo, por eso cuando coincide conmigo en el ascensor siempre aprovecha para preguntarme por las últimas novedades. El problema es que, en los 20 segundos que tardamos en subir a la cuarta planta, apenas me da tiempo para decirle que "hay un lío del carajo", lo cual acrecienta todavía más su desorientación.

Mi vecino, que es un hombre previsor, se compró un descodificador para ver la TDT en cuanto se enteró de que el 3 de abril de 2010 se producirá el apagón analógico, es decir, que desaparecerá la forma en que hemos estado viendo televisión todos estos años. Como él, una mayoría de españoles (se calcula que aproximadamente el 70% de los hogares) se han preparado ya para ese momento, si bien casi ninguno de los 22 millones de descodificadores vendidos hasta ahora sirven para ver los partidos de pago del Real Madrid o del Barcelona.

Jesús sospecha que la culpa de todo la tiene el Gobierno y, al igual que sucede con la forma de afrontar la crisis económica, detecta cierta improvisación en este asunto. A ello le achaca que a estas alturas de la Liga no sea posible encontrar un descodificador adecuado en todo Madrid. No anda desencaminado en el análisis, pero las cosas no son tan sencillas.

Es verdad que el Gobierno ha cambiado de criterio respecto a la TDT. En 2005, cuando aprobó el plan de transición hacia la televisión digital y otorgó las licencias para emitir a través de esa modalidad, nada dijo de la TDT de pago y entonces quedó claro que todos los canales serían en abierto, por eso los descodificadores que se pusieron a la venta no contemplaban la primera opción. En aquel momento a nadie se le ocurrió reclamar la TDT de pago porque todavía estaba reciente la mala experiencia de Quiero TV, una plataforma de pago que utilizaba la misma tecnología y que resultó un absoluto desastre, hasta el punto de que quebró. Hoy, cuatro años después, el Ejecutivo ha aprobado un decreto ley en el que autoriza a todos los operadores de TDT a emitir contenidos de pago por la mitad de los canales de que disponen.

¿Qué ha pasado en apenas cuatro años para que el Gobierno, sin ni siquiera esperar al apagón analógico, haya decidido cambiar sobre la marcha las reglas de la TDT? Básicamente han sucedido dos cosas. La primera tiene que ver con la terrible crisis económica en la que nos encontramos: los ingresos publicitarios han caído en picado y las televisiones privadas se encuentran en una situación financiera muy complicada. Por eso en el preámbulo del decreto ley se habla sin tapujos de la necesidad de "abrir una vía alternativa de ingresos [...] para aliviar la situación financiera en que se encuentran" los operadores de televisión.

El segundo hecho ocurrido durante los últimos años ha sido el cambio de propietario de los derechos de retransmisión del fútbol. Mediapro, la productora que tradicionalmente ha gestionado esos derechos, decidió en 2006 venderle las retransmisiones en abierto a La Sexta, un canal de televisión de nuevo cuño del que también es accionista y cuya licencia para operar fue otorgada por José Luis Rodríguez Zapatero en cuanto llegó a La Moncloa. El fútbol sirvió de reclamo para popularizar La Sexta hasta el punto de que durante dos años se pudieron ver numerosos partidos en abierto, para regocijo de todos los aficionados al fútbol, si bien la cadena apenas obtuvo ingresos publicitarios por ello debido a los bajos índices de audiencia derivados de los problemas de cobertura del nuevo canal.

Ahora, ya con la TDT muy extendida, en mitad de una tremenda crisis económica y con la necesidad imperiosa de poder rentabilizar al fin la inversión realizada en la compra de los derechos del fútbol, La Sexta-Mediapro necesitaba cobrar por emitir los partidos por televisión, de ahí que le haya venido de maravilla la decisión del Gobierno, que le ha permitido codificar uno de sus dos canales en TDT: Gol TV.

Aunque el decreto aprobado por el Ejecutivo abre la veda de la televisión de pago a todos los operadores que actualmente tienen canales de TDT, hay quien ve detrás de la decisión de Zapatero un trato de favor hacia Mediapro, cuyos medios de comunicación no son especialmente críticos con el Gobierno.

En sentido estricto, el fondo de la norma aprobada por el Ejecutivo pone en pie de igualdad a todos los operadores y no concede ningún privilegio a Mediapro. Eso sí, es evidente que en estos momentos es la empresa que más se puede beneficiar de la posibilidad de emitir en codificado porque es el único operador que tiene contenidos lo suficientemente apetitosos (fútbol, fórmula 1, mundial de baloncesto...) como para que los telespectadores pasen por taquilla.

Por eso ha sido en el terreno formal donde más ha fallado el Gobierno, porque, al aprobar las nuevas normas con tanta celeridad, ha dado la impresión de que el único objetivo que perseguía es que se pudieran emitir contenidos de pago desde el 1 de septiembre, justo cuando arrancaba la Liga. Y es que quizás el día elegido para aprobar la TDT de pago no fuera el más oportuno: 13 de agosto, durante un Consejo de Ministros extraordinario dedicado a diversas medidas contra la crisis económica. Y, además, sorprendió el extraño método utilizado, ya que los decretos leyes son un mecanismo previsto por la Constitución para legislar en casos de "extraordinaria y urgente necesidad".

El ministro de Industria, Miguel Sebastián, ha justificado el uso de la figura del decreto ley señalando que no hay tiempo que perder porque quedan apenas unos meses para el apagón analógico y la puesta en marcha de los canales de pago "ayudará" a extender la TDT entre la población. Sin embargo, el Gobierno se ha quedado solo defendiendo la vía del decreto ley, como quedó de manifiesto el 17 de septiembre durante la sesión que el Congreso de los Diputados celebró para convalidar la nueva norma. Aunque el texto fue aprobado (183 votos a favor, 150 en contra y 6 abstenciones), todos los grupos excepto el PSOE criticaron al Gobierno por tramitar la norma por la vía de urgencia e impedir así que fuera enmendada por el Parlamento.

El problema es que, a pesar de las prisas del Gobierno, los descodificadores que permiten ver la TDT de pago apenas se comercializan todavía en España porque a los productores les pilló por sorpresa la decisión del 13 de agosto y porque necesitan un periodo mínimo de seis semanas para desarrollar los nuevos aparatos. "Que quede claro que nosotros no tenemos la culpa de que no se pueda ver el fútbol por televisión", dice José Pérez, director general de Asimelec, la patronal de los productores.

Hasta el momento, sólo dos fabricantes, Engel e Ikusi, han conseguido llevar a las tiendas algunos ejemplares. Sebastián anunció en el Congreso que a final de septiembre habría 250.000 nuevos sintonizadores a la venta, pero productores como NPG reconocen que no tendrán listos los descodificadores hasta finales de octubre como muy pronto.

Según el experto Eduardo García Matilla, director general de Corporación Multimedia, "el Gobierno ha actuado con precipitación creando mayor confusión en un sector que atraviesa por un momento crítico". En su opinión, lo mejor hubiera sido esperar al apagón analógico y entonces llevar a cabo una amplia reflexión sobre la TDT de pago, los servicios interactivos y la alta definición, contenidos estos últimos que requerirán en el futuro nuevos descodificadores, y no precisamente los mismos que ahora se están fabricando para la TDT de pago.

A pesar de todos los problemas, Mediapro mantiene codificado su canal Gol TV, si bien apenas ha podido sacarle partido hasta ahora por la ausencia de aparatos. De momento se han apuntado unas 20.000 personas, la mayoría en Barcelona, que es donde se están comercializando los pocos descodificadores preparados para la TDT de pago.

Ante la posibilidad de que el proceso de fabricación de los nuevos terminales se dilate sine die, Mediapro ha firmado acuerdos con diversas plataformas de televisión por cable para comercializar su nuevo canal de fútbol y poder rentabilizarlo desde el primer día. Gracias a esos acuerdos con Imagenio, Ono, Orange, Jazztel, Grupo R, Telecable y Euskaltel, Gol TV es visto a día de hoy en unos 665.000 hogares.

Fuentes del sector indican que el mercado español de la TDT de pago no superará los tres millones de abonados, si bien todo dependerá de los contenidos que se ofrezcan y del precio que se pida por verlos. De momento sólo emite Gol TV, pero el resto de operadores también han anunciado al Ministerio de Industria que podrían ofrecer contenidos de pago en el futuro. De hecho, en el sector ya se especula con la opción de que Sogecable acabe ofreciendo Canal + por uno de sus canales, que Telecinco monte un canal 24 horas con Gran Hermano y que algún otro operador ofrezca películas porno.

En cualquier caso, los 20.000 clientes de Gol TV (en Mediapro prevén 300.000 usuarios para junio de 2010) están muy lejos todavía de los dos millones de abonados que tiene actualmente Digital +, la plataforma por satélite propiedad de Sogecable (Grupo Prisa) y que es la principal perjudicada de todo lo que está pasando, al haber perdido la exclusiva de las retransmisiones de fútbol de pago.

Todo ello complica aún más la intención de Sogecable de desprenderse de Digital + y acelera la posibilidad de que el holding televisivo propiedad del Grupo Prisa empiece a enderezar sus problemas financieros mediante la venta de otra de sus empresas, el canal Cuatro, que se podría fusionar en breve con otra cadena aprovechando que el Gobierno ha cambiado también la ley para que las televisiones puedan suplir sus apuros económicos mediante operaciones de concentración, que hasta ahora estaban vetadas expresamente.

Por afinidad ideológica y posibles sinergias, la fusión más probable sería la de Cuatro con La Sexta. De hecho, el acuerdo estuvo a punto de materializarse antes del verano, pero el lío de la TDT ha enturbiado demasiado el ambiente entre sus casas matrices, Prisa y Mediapro. Ahora la opción que barajan los propietarios de Cuatro es la unión con Telecinco.

Sea como fuere, los próximos meses van a ser frenéticos porque el panorama audiovisual está en plena ebullición. "Todo el mundo está hablando con todo el mundo", reconocen desde una televisión nacional. La crisis ha reducido sensiblemente los ingresos por publicidad y el apagón analógico del mes de abril fragmentará aún más las audiencias, por lo que son inevitables ciertos movimientos de concentración para afrontar las dificultades en una mejor posición.

A aliviar algo esas dificultades está contribuyendo la eliminación progresiva de la publicidad en Televisión Española (TVE). El ente público, que con sus dos principales canales se ha llevado la mayor parte del pastel publicitario históricamente, no vende publicidad desde el 1 de septiembre y dejará de emitirla de forma definitiva a final de año, merced a una ley también aprobada a toda prisa antes del verano.

Pero, curiosamente, lejos de tranquilizar las aguas, la reducción de publicidad en TVE ha abierto un nuevo frente en la batalla televisiva, esta vez entre Telecinco y Antena 3. Ambas cadenas se han ido turnando con TVE-1 en el liderazgo de audiencias y la retirada de ésta de la competición publicitaria las deja como principales candidatas a llevarse los aproximadamente 500 millones de euros que ingresa cada año el ente público por los anuncios emitidos (en 2008 facturó 557 millones de euros). Eso sí, a cambio de este regalo las televisiones privadas tendrán que contribuir a la financiación de TVE entregando anualmente el 3% de sus ingresos, como prevé la nueva ley.

Según un estudio elaborado por la consultora Groupm, el dinero invertido por los anunciantes hasta ahora en TVE podría repartirse en el futuro de la siguiente manera: un tercio iría a parar a otras televisiones, otro tercio iría a publicidad en los demás medios (prensa, radio e Internet) y el último tercio se dejaría de gastar.

Además, la ley impide que Telecinco y Antena 3 se puedan fusionar porque de su unión nacería una televisión demasiado poderosa, así que ambas, dado que son las cadenas más saneadas de España, están abocadas a liderar cada una por su lado los diversos procesos de concentración que se puedan producir.

De ahí que las dos estén inmersas estos días en una guerra encarnizada por la audiencia cuyos escenarios tienen lugar mañana, tarde y noche. Telecinco, que llevaba un año horroroso y que en julio registró su peor audiencia media de los últimos tiempos (13,8%), ha empezado el curso poniendo toda la carne en el asador consciente de lo que está en juego. Así, ha adelantado el horario de El programa de Ana Rosa para hacer frente a Espejo público, liderado por Susanna Griso en Antena 3, y ha revitalizado la sobremesa recuperando al rey del tomate, Jorge Javier Vázquez, quien también se ha hecho cargo de un programa nocturno de cotilleos que está poniendo en apuros al hasta ahora invencible ¿Dónde estás corazón? de Jaime Cantizano. Y para completar la ofensiva ha recuperado su reality más exitoso (Gran Hermano), su serie más vista (Sin tetas no hay paraíso) y su enfant terrible, Risto Mejide, quien presenta un programa diario en la franja nocturna.

Dentro de esta agria pugna por la audiencia es donde hay que ubicar el reciente escándalo protagonizado por Belén Esteban, que es una de esas famosas cuya sola presencia en pantalla actúa como imán para millones de espectadores. Esteban es colaboradora de diversos programas de Telecinco y es una de las claves de que la cadena de capital italiano esté recuperando terreno durante las últimas semanas. De hecho, en lo que llevamos de septiembre Telecinco ha conseguido recuperar el liderazgo después de nueve meses malos.

De ahí que cuando el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid alertó sobre la utilización que hacía Esteban de su hija en televisión, la batalla entre Antena 3 y Telecinco se incrementara aún más: desde la primera se dio la noticia, aunque sin citar en principio a la afectada, y se abrió el debate sobre si los famosos deben o no aprovecharse de sus hijos, mientras que desde la segunda contraatacaron denunciando un supuesto intento de Antena 3 por silenciar a Esteban para no seguir perdiendo audiencia.

En cualquier caso, la polémica sobre Belén Esteban ha sido el último episodio de un verano especialmente revuelto en la pequeña pantalla, sobre todo a media tarde, cuando tanto Telecinco como Antena 3 mantuvieron programas de cotilleos donde lo mismo se pegaban a puñetazos dos colaboradores que se mantenía un sesudo debate sobre el número de testículos del torero Jesulín de Ubrique.

El Gobierno, que tan activo ha estado durante 2009 regulando el sector de la televisión, no es ajeno a lo que está pasando. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, ha transmitido en diversas ocasiones a los operadores su preocupación por el descontrol de algunos contenidos que se emiten en horario infantil. Y lo mismo sucede con el presidente del Gobierno, quien parece que este verano se ha escandalizado cuando ha intentado ver algunos canales con sus hijas.

Todo ello ha motivado que en círculos cercanos al Ejecutivo se esté barajando la posibilidad de tomar medidas para evitar que se incumpla el código de buenas prácticas que las propias cadenas acordaron en diciembre de 2004, y en donde se comprometieron a mimar especialmente el horario infantil.

Al igual que el Gobierno, mi vecino tampoco esquiva esta polémica, por eso hace unos días me preguntó sobre Belén Esteban. Yo le contesté que, como sucede con la TDT, todo tiene que ver con lo mismo: el dinero. "Pase que tenga que pagar por ver jugar a Kaká y a Cristiano Ronaldo, pero yo no pienso dar un céntimo nunca por oír los gritos de esa señora", me respondió enojado Jesús al salir del ascensor. El problema es que mi vecino todavía no ha entendido que, en el mundo de la televisión, lo que hoy parece imposible quizás mañana no lo sea.