Las elecciones autonómicas del 1 de marzo han dejado cuatro novedades que conviene no perder de vista:

1.- En el País Vasco existe la posibilidad real de que se inicie una nueva era, sin el PNV en el poder. No conviene echar las campanas al vuelo, pero los resultados de las urnas permiten que se pueda producir un cambio de Gobierno histórico. Después de 30 años, los nacionalistas vascos podrían pasar a la oposición y el lehendakari podría ser un socialista de apellido López, casi nada.

2.- El nacionalismo, tanto gallego como vasco, ha dado señales de retroceso. En Galicia, el Bloque Nacionalista Galego ha perdido 45.000 votos a pesar de que la participación ha sido la mayor de la historia de esa comunidad. En el País Vasco, la suma de todos los partidos de ámbito estatal es por primera vez superior a la suma de todas las formaciones de ámbito autonómico, tanto en votos como en porcentaje de voto.

 3.- Mariano Rajoy sale fortalecido. El Partido Popular ha recuperado la mayoría absoluta en Galicia con un candidato joven y muy cercano a Rajoy. Y, aunque buena parte del éxito en esa comunidad se debe a los errores del Gobierno socialista de Touriño, es justo que el líder del PP quiera atribuirse el mérito para afianzar su liderazgo. De hecho, no nos engañemos, en plena crisis interna y con escándalos de corrupción por doquier, nadie daba un duro, ni siquiera las encuestas, a que el PP fuera a recobrar la mayoría absoluta con tanta holgura. Por su parte, los resultados en el País Vasco sí son claramente peores que los de hace cuatro años, pero en esta comunidad el PP no aspiraba a ganar las elecciones, sino simplemente a ser decisivo a la hora de elegir lehendakari. Y así será. Si todo sigue el guión previsto, los escaños del PP jugarán un papel fundamental en la gobernabilidad de la región, lo cual deja en un segundo plano si se han perdido votos por el camino.

4.- Zapatero, obligado a cambiar de socios. El presidente del Gobierno tiene un tremendo dilema encima de su mesa. Si da el paso de echar al PNV del Gobierno vasco, perderá sus apoyos a la hora de sacar adelante leyes fundamentales en Madrid, como los presupuestos generales. Si acaba por pactar con el PNV en Euskadi, corre el riesgo de perder estrepitosamente las elecciones europeas de junio porque media España no entendería que desaprovechara la ocasión de desalojar a los nacionalistas del Gobierno vasco. Lo más probable es que Zapatero deje manos libres a Patxi López para gobernar en minoría en el País Vasco, lo cual obligará al Gobierno central a buscar apoyos alternativos al PNV. CiU tiene todas las papeletas, pero para ser el nuevo compañero de viaje pedirá un cambio en Cataluña, donde no le dejan gobernar los socialistas a pesar de ser la fuerza más votada. Por tanto, Zapatero tendrá que buscar apoyos debajo de las piedras. Todo hace indicar que podría tener serios problemas para garantizar la gobernabilidad del país.