Thursday, February 05, 2009 8:16 PM
Álvaro Nieto
El euro como problema
Cuando el último premio Nobel de Economía, Paul Krugman, tituló un artículo en su blog con un pareado alusivo a España, seguro que más de una alarma sonó en el palacio de la Moncloa. Era el 19 de enero y aquel “The pain in Spain… isn’t hard to explain” (el sufrimiento de España no es difícil de explicar) sirvió para que muchos entendieran cómo la pertenencia al euro, tantas veces sacralizada durante los últimos años, se ha convertido en un obstáculo a la hora de afrontar la crisis. “Contrariamente a lo que se suele decir, ser miembro de la eurozona no te inmuniza contra la crisis”, escribió aquel día Krugman.
Según el premio Nobel, España necesita ser más competitiva para salir del bache y, dado que no puede devaluar la moneda para conseguirlo, sólo le queda la vía de la reducción de salarios, algo que hará más complicado y lento el proceso de recuperación.
Y es que nos encontramos en la primera gran crisis desde la entrada en vigor de la moneda única y, puesto que los países de la eurozona tienen cedida su política monetaria al Banco Central Europeo (BCE), ahora la solución no puede ser la misma que en anteriores recesiones, cuando España dejaba caer su moneda para salir del atolladero haciendo más atractivos sus precios: exportaciones y turismo se recuperaban de inmediato.
“El euro nos ata de pies y manos –reconoce el analista Fabián Ramón–. Para salir de la crisis hace falta mejorar la competitividad y ahora mismo la única manera de lograrlo es trabajar más por menos dinero”.
Como la solución de reducir los salarios o aumentar las horas de trabajo será complicada, cabe preguntarse si la incorporación al euro ha sido un buen negocio para España. En este punto, la mayoría de los analistas coinciden en subrayar la estabilidad de la que se ha gozado en el último decenio gracias al paraguas protector del euro.
No obstante, es ahora, cuando llegan las vacas flacas, cuando adquieren renovada relevancia las voces críticas con la moneda única. Según Ramón, “con la peseta nunca hubiéramos llegado a esta situación tan negativa porque hubiésemos podido subir los tipos de interés durante los últimos años para evitar el recalentamiento de la economía”.
Según el análisis de este economista, España no se debería haber incorporado a la eurozona hasta no haber acompasado su ciclo económico con Alemania y Francia, cuya endeble situación ha obligado al BCE a mantener una política de tipos bajos durante los últimos años mientras la coyuntura en nuestro país aconsejaba todo lo contrario para no cebar demasiado la burbuja inmobiliaria.
Sin embargo, una vez metidos en el euro, no hay marcha atrás. Salirse ahora de la moneda única sería catastrófico porque tanto los ciudadanos como los bancos están endeudados en euros y, si se crea una nueva moneda para poder devaluarla y salir así de la crisis, las deudas dispararían su valor y no se podrían pagar, lo que conduciría a la quiebra del sistema.
Por tanto, ahora ya no queda más remedio que mantenerse en el euro y aguantar el tirón.