Mucho se está hablando estos días del desastre de Izquierda Unida y de lo injusta que es la ley electoral con esta formación. Sin embargo, conviene no caer en la trampa facilona del sistema electoral porque eso sería obviar las verdaderas causas del declive de IU.

Es verdad que la ley electoral española perjudica sobremanera a las terceras formaciones que como IU se presentan en el conjunto del país sin tener una presencia mayoritaria en ninguna circunscripción. Pero, independientemente de que se pueda abrir el debate sobre un posible cambio que haga más proporcional el reparto de escaños respecto al número de votos, lo cierto es que esa ley lleva vigente desde hace treinta años.

Izquierda Unida ha tocado fondo en estas elecciones con solo dos escaños y mal harían sus dirigentes en escudarse en la ley electoral como causa de semejante desastre. Si hubo épocas pasadas en que la coalición tuvo más de 20 escaños, está más que claro que el hecho de que IU esté a punto de desaparecer del Parlamento no es culpa de la ley electoral, por mucho que ésta sea mejorable.

¿Cuáles son entonces las causas del desastre?

En primer lugar, creo que IU se ha equivocado de 'enemigo' durante los últimos años. Gaspar Llamazares ha lanzado sus principales críticas contra el Partido Popular contribuyendo a demonizarlo de tal modo que, llegado el momento de votar, miles de simpatizantes de IU se han lanzado a apoyar al PSOE para evitar el triunfo de esa 'extrema derecha' tan repudiada. Es lo que se llama el voto útil.

Llamazares debería haberse dado cuenta de que sus potenciales votantes no dudan entre el PP o IU sino entre el PSOE e IU. Es decir, con quien se tienen que marcar diferencias es con los socialistas. Y, lejos de hacerlo, Izquierda Unida se ha dedicado durante toda la legislatura a ir de la mano del PSOE. No hay que olvidar que IU logró sus mejores resultados precisamente cuando más se desmarcó del PSOE, en la época de Julio Anguita.

En segundo lugar, da la sensación de que IU no está sabiendo adaptarse a los nuevos tiempos. España ha cambiado en estos últimos treinta años y no se puede seguir con recetas del pasado. Si otra izquierda es posible, IU debería centrarse en proponer una alternativa factible a la que desarrolla el PSOE, olvidándose ya de un discurso más propio de la guerra fría.

En tercer lugar, IU ha dejado de ser un partido nacional y sus políticas son totalmente incoherentes según el lugar donde se desarrollen. Así, y frente al tradicional internacionalismo del Partido Comunista de España, las sucursales de IU en Cataluña, País Vasco, Galicia... se han convertido en partidos nacionalistas puros y duros perdiendo de vista un enfoque más estatal. Y, dado que lo único que les parece interesar es tocar poder, son capaces de aliarse con el PSC y ERC para gobernar la Generalitat de Cataluña y con el PNV para hacer lo propio en Euskadi. 

Y en el colmo de la ambigüedad, y haciendo gala de una más que rancia simpatía hacia los independentistas vascos, resulta que, como hemos sabido recientemente, IU apoya a los filoetarras de ANV en algunos ayuntamientos vascos.

En resumen, si Izquierda Unida quiere salir del atolladero debería centrarse en construir una alternativa a la izquierda que representa Zapatero desde el pragmatismo y con una visión coherente en el conjunto del Estado. Su espejo deberían ser movimientos como los de la UPD de Rosa Díez o Ciudadanos, que están consiguiendo cada vez más apoyos de la izquierda desencantada marcando claras diferencias con el PSOE y con los nacionalistas. Si IU no se da prisa en reformar su discurso, desaparecerá arrastrada por el voto útil hacia los socialistas y por esos nuevos movimientos alternativos.