Los banqueros españoles y los de medio mundo, sobre todo los europeos, siguen al borde de un ataque de nervios. Mejor dicho, viven en la  histeria del día a día. “Ya se sabe que los banqueros son mala gente”, dijo un día Carlos Solchaga cuando era ministro de Economía en uno de los Gobiernos de Felipe González. Nunca quedó claro si hablaba en serio o en broma. Tampoco nadie quiso saber mucho más. Quizá sólo fue un arrebato de sinceridad pasajera de un ministro, denostado de forma injusta en su tiempo y ahora añorado por muchos. Los banqueros, en  cualquier caso, tienen un problema, o muchos problemas. Lo dramático es que los apuros de los bancos y de los banqueros afectan al resto de la sociedad. Algunos piensan que es injusto. A pesar de todo es inevitable.

Los Gobiernos europeos decidieron hace unos meses examinar a los bancos. Siempre ha habido una policía bancaria –los reguladores y los supervisores-, pero hace años que los banqueros aprendieron a burlarse de ella. En España lo hicieron menos, porque “chauvinismos” aparte, la policía bancaria española era una de las mejores y más exigentes del mundo. Todo venía de la época de Mariano Rubio como Gobernador del Banco de España y Carlos Solchaga ministro de Economía. Quizá lo de que “los banqueros son mala gente” no quedó sólo en una frase.  A pesar de todo, la policía bancaria española también ha tenido años de relajo, sobre todo en el terreno de las Cajas de Ahorros. Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España, nunca ha sido un personaje con el talante, exigente por decirlo de una manera amable, de Mariano Rubio. Los banqueros, y sobre todo los responsables de las cajas, lo han toreado con cierta habilidad.

Los exámenes a los bancos, impulsados por las autoridades europeas, es lo que se ha conocido como “stress test” o “pruebas de resistencia”. En resumen, consisten en determinar qué les ocurriría a bancos y cajas de ahorros si las cosas bien mal dadas. La “prueba de resistencia” también podría hacerse con una familia y quizá sería más comprensible. Consistiría en determinar cuanto tiempo y en qué condiciones podría subsistir una familia si, por ejemplo, uno o varios de sus miembros se quedan en paro, si sus propiedades –inmuebles, pero también acciones o bonos del Tesoro- bajan de precio, si sus deudores no les pagan y si, por todos esos factores, no pueden pagar sus créditos. Ese ejercicio, aplicado a bancos y cajas es lo que se ha denominado “stress test” y cuyos resultados se publicaron la semana pasada.

Las famosas “pruebas de resistencia” de bancos y cajas han determinado, según las versiones oficiales, que las entidades financieras europeas están sanas. Eso sí, hay siete que si todo se tuerce, tendrían problemas. Y de esas siete, cinco son españolas, cajas de ahorros, para más detalles. En realidad son más, pero al haberse agrupado a la fuerza, son cinco: dos catalanas, una castellana, una andaluza y otra interregional. Sólo otras dos entidades europeas están en las mismas circunstancias. Hay dos explicaciones que lo justifican, aunque ahora sirven de poco. Muchos de los grandes bancos europeos, quebrados en su momento, recibieron multimillonarias ayudas de sus Gobiernos, algo que no ocurrió en España, porque nadie lo necesitaba o porque nadie lo pidió. Por otra parte, las condiciones de las “pruebas de resistencia” a bancos y cajas españolas han sido más duras y aplicadas a más entidades que en cualquier otro lugar de Europa. La gran duda es si, en este asunto, las autoridades españolas, también atacadas de los nervios, han ido más lejos que nadie. Es posible. Hay bancos italianos, franceses, alemanes y también británicos que si se les examinara con el rasero aplicado en España tendrían problemas. Sin embargo, el titular es claro: siete entidades europeas no superan el “stress test” y cinco son españolas. Es probable que cuando se separe la paja del grano bancos y cajas españoles salgan beneficiados, pero la primera impresión puede ser contraproducente.

Por último, más allá de estas pruebas de resistencia, el análisis detallado de los datos arroja un escenario preocupante. Si la crisis sigue, la mayoría de bancos y cajas de ahorros europeos entrarán en pérdidas. Así de simple. En España tan sólo se salvarían el Santander y el BBVA y alguna caja, como la BBK, rozaría los números negros. No es inevitable, pero es probable, no es una hipótesis disparatada, sobre todo si como parece la morosidad –es decir, que los bancos y cajas no consiguen cobrar una parte de los créditos que han concedido- sigue en aumento durante por lo menos un año más, como pronostica uno de los grandes banqueros españoles. En resumen, un verdadero lío. Más allá de la propaganda oficial, los “stress test” han salido bien, pero “Houston, tenemos un problema, y un problema grave”. Lo más preocupante son las Cajas de Ahorros. Era un secreto a voces, y la policía bancaria lo sabía hacía años, pero los grandes jefes –el Gobierno y el Banco de España- prefirieron esperar antes que actuar. Ahora, no es tarde, pero todo es  más difícil y todavía puede complicarse. ¿Por qué ha ocurrido todo esto? Quizá habría que volver sobre las palabras de Solchaga. Desde luego, los banqueros, pero sobre todo los responsables de las Cajas de Ahorros –y más las más  politizadas- no han actuado bien. Unas veces por incapacidad y otras por motivos menos claros. Lo ocurrido en España no es una excepción en el mundo, pero eso tampoco sirve de consuelo. Ni tan siquiera a banqueros y responsables de cajas que, digan lo que digan las autoridades, siguen al borde de un ataque de nervios.