Después de la victoria todo es más fácil. Por lo menos, durante unos instantes. La felicidad colectiva se contagia. Sobre todo si se adereza con el picante de la superación de las frustraciones de varias generaciones. Zapatero demuestra que es un animal político cada vez que tiene ocasión. El inquilino de la Moncloa no perdió ni un segundo tras la victoria de España en la Eurocopa. En los vestuarios reivindicó el mayor éxito del fútbol español en la democracia. Porque la otra Eurocopa, ganada en 1964, fue en tiempos de Franco. La España de 2008, por fortuna, tiene muy poco que ver con la que contempló el famoso gol de Marcelino. El Gobierno totalitario de la época, claro, utilizó aquel éxito deportivo. Casi medio siglo más tarde -han pasado 44 años- Alemania, después de Italia, era el último obstáculo de la más nueva generación de futbolistas españoles, de la España plural, como dicen quienes se pierden, también ahora, en el debate territorial. Son jóvenes sin complejos y su éxito concede al paisaje un tonalidad más amable en tiempos difíciles. Después de la resaca de la victoria -y del cabreo de los nacionalistas que querían la derrota- la realidad volverá a imponerse. El presidente Zapatero, a pesar de todo, insiste en que "es opinable hablar de crisis". La inflación, sin embargo, supera el 5%, la más alta desde hace tres lustros y el euríbor rebaja fronteras históricas. Desde la implantación del euro, los tipos e interés no habían sido tan altos. El paro, por supuesto, también aumenta y la subida será mucho mayor después del verano. El posible, como dice el presidente, que el concepto crisis pertenezca al ámbito académico, pero la situación desde luego no parece idílica. Después de la victoria, eso sí, todo parere más amable. El triunfo en la Eurocopa ni suprime ni soluciona los problemas, tan sólo los camufla unos días, ni tan siquiera unas semanas. Sin embargo, nadie olvidará durante mucho tiempo la alegría que proporcionaron a la mayoría de españoles Casillas, Torres, Fábregas y un grupo de futbolistas del siglo XXI, descarados, sin complejos, españoles.