Winston Churchill, uno de los políticos más celebrados del siglo XX, lo tenía muy claro. En la política diferenciaba entre adversarios, enemigos y compañeros de partido. La gradación, por ese orden ascendente, iba de menos a más peligrosos. Los más temibles, según la clasificación de Churchill -que muchos otros comparten-, eran los compañeros de partido. Las precauciones, más allá de lo razonable, había que tomarlas con ellos. La teoría de Churchill todavía es válida. Tiene algo de popperiana, es decir, de Popper, porque hasta el momento no ha sido refutada. En España goza de una salud excelente. Hablan y no paran de alguien -lo de miembro y "miembra" queda para la ministra Aido- del anterior equipo Rajoy que incluso podía haber sido un agente doble. Hay acusaciones sin nombre de haber facilitado estrategias concretas a las huestes de Zapatero, aunque esa es otra historia. De regreso a Churchill, ahora mismo, el PP ha sido el ejemplo paradigmático de la teoría del hombre que dirigió al Reino Unido durante la Segunda Guerra mundial y se plantó ante Hitler. Mariano Rajoy ganó el Congreso del PP que, sobre todo, perdió Aznar (la explicación detallada otro día), aunque dicen que el auténtico triunfador es Javier Arenas. En cualquier caso, Rajoy, con el éxito en la mano fulminó a Esperanza Aguirre y a sus gentes de confianza. Es cierto que las relaciones estaban tirantes y que Aguirre le envió a Rajoy por mensaje SMS los nombres de las personas que proponía para la dirección del PP. Rajoy, por supuesto, no le hizo el mínimo caso. Esperanza Aguirre encajó el golpe. Apenas tres días después, la presidenta madrileña cambió el Gobierno de la Comunidad de Madrid. Y claro, los hasta entonces consejeros Manuel Lamela y Adolfo Prada, que se habían significado por ponerse de lado de Rajoy, fueron destituidos, porque la palabra es esa y no la de "cesados". Rajoy utilizó sus eufemismos para explicar por qué prescindió de los fieles de Esperanza Aguirre. Fue por razones políticas. Quería fieles a su lado. La misma explicaciones aclara la remodelación del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre han ajustado cuentas. Eso sí, como se hacen las cosas en la política. Sin lágrimas. Al fin y al cabo son compañeros de partido, como diría Churchill.