Esta semana he visto con un poco de incredulidad las críticas que desde el PP se han lanzado contra el ministro Moratinos por su visita a Gibraltar. Creo que son infundadas, más propias de otra época. En diciembre de 2007 publiqué un reportaje titulado 'Gibraltar empieza a ser español' en el que hablaba de las intenciones del Gobierno socialista con la colonia británica.
Concluía de la siguiente forma mi texto: "Toda esta política de cooperación no supone que el contencioso quede resuelto para España. Todo lo contrario. El Gobierno mantiene que su reivindicación sobre la soberanía de Gibraltar es “irrenunciable”. Pero mientras llega el momento de la retrocesión –fijada en el famoso Tratado de Utrecht de 1714–, proseguirá la política de la zanahoria con la esperanza de que en un futuro no muy lejano a los gibraltareños no les importe que la Roca vuelva a ser española".
Sigo pensando que la política de la zanahoria es la mejor receta para que Gibraltar vuelva a ser español dentro de 50 o 100 años. Como decía el ministro hay que ganarse las mentes y los corazones de los llanitos, quienes desde el cierre de la Verja profesan un profundo recelo hacia España y en última instancia deberán aprobar en referéndum cualquier cambio de estatus. La generación actual está perdida, pero sus hijos pueden tener la clave. Por ello, la apertura de un Instituto Cervantes en la colonia, la concesión de becas universitarias a los jóvenes gibraltareños, el intercambio empresarial y, en definitiva, la puesta en marcha de medidas que favorezcan el entendimiento y comprensión mutua entre los gibraltareños y sus vecinos españoles, son el mejor camino para que los primeros, algún día, vean con suma naturalidad que les da lo mismo ser británicos que españoles. Y en el mejor de los casos, que les tira más lo español.
La mayoría de los gibraltareños tienen una segunda casa en el sur de España, toman cañas y pinchos en La Línea y ven las televisiones españolas, así que ya se ha avanzado mucho para que nos demos la mano algún día sin odios y resquemores. Cerrando verjas o esperando a que el contencioso caiga como fruta madura con una decisión unilateral de Londres no se conseguirá gran cosa.