No me negarán que hubiera sido de guasa que Barack Obama hubiese venido por primera vez a España como presidente de Estados Unidos para echarse en una tumbona bajo el sol marbellí. A principios de año, el mandatario estadounidense le provocó a José Luis Rodríguez Zapatero lo más parecido a un cólico nefrítico cuando canceló su visita a nuestro país en mayo para la cumbre UE-EEUU. Era el acontecimiento planetario del año y se quedó en un desplante de proporciones galácticas.
El motivo que arguyó en aquel momento era que tenía una agenda interna muy intensa y delicada como para salir al extranjero cada mes o dos meses, así que le dejó a Zapatero con un palmo de narices, descompuesto y sin novio para la esperada foto en la Moncloa.
Lo que no me cuadra de toda la historia de los Obama en Marbella es que él no vaya a venir finalmente. Tengo mis serias dudas y no me extrañaría que en el último momento, hiciera una pirueta mediática para plantarse en Marbella de improviso.
¿Por qué digo esto? O bien Michelle y su hija Sasha llegan a la ciudad malagueña a ultimísima hora del 4 de agosto, o no me creo que la esposa y la hija del presidente le vayan a dejar a este último sólito en la Casa Blanca el día en el que cumple 49 años.
No conozco ninguna familia en la que al padre se le abandone tras soplar las velas por la mañana, así que lo dicho: o Michelle y Sasha llegan a Marbella el 4 de agosto con noche ya cerrada o al día siguiente con las primeras luces de la mañana.
En todo caso, la promoción que van a hacer los Obama de Marbella, Andalucía y España como destino turístico va a ser impagable. Ninguna promoción oficial puede lograr el impacto de una visita tan glamurosa como ésta. Y si no, que se lo pregunten a Granada tras la famosa visita de Bill Clinton. O a Pamplona, que no sería la misma si Ernest Hemingway no la hubiera incluido en sus libros.
En fin, una poderosa visita que será recordada durante mucho tiempo. Por lo menos como la película 'Bienvenido, mister Marshall' de Luis García Berlanga, cuyo primer estribillo decía: ¡Americanos, os recibimos con alegría!