Me incluyo entre los admiradores del actor Willy Toledo. Creo que su cruzada en favor de los manteros fue muy oportuna y su apoyo a la activista saharaui Aminatu Haidar me pareció excelente, pero sus palabras sobre el disidente cubano Orlando Zapata han sido un despropósito delirante. Ni en IU se atrevieron a tanto cuando este modesto albañil falleció tras una prolongada huelga de hambre.

Pero lo que más me ha dolido es su insistencia en que los medios de comunicación han tergiversado sus palabras, al quedarse únicamente en la afirmación de que Zapata era un "preso común" y que -según vino a decir- su obcecación le llevó a la muerte. En este país se está implantando la penosa costumbre de poner en el disparadero al periodista, al informador, cuando alguien quiere rectificar una metedura de pata y no se sabe cómo hacerlo. Grave error el de Willy Toledo. Quizás la próxima vez debería pararse a pensar lo que va a decir.

Desde el 23 de noviembre de 2009, tres días después del siempre tenso 20-N, se ha cerrado a la visita pública la basílica del Valle de los Caídos por obras de conservación. Sólo permanece abierto el recinto y el primer vestíbulo de la basílica, es decir el espacio de la entrada en la que se encuentran la tienda y la librería. Además, Patrimonio Nacional anuncia que por motivos de mantenimiento y conservación de los grupos escultóricos, la base de la Cruz está cerrada al público, así como el servicio del funicular, que está "suspendido hasta nuevo aviso".

Cada dia estoy más convencido de que ha empezado la cuenta atrás para el cierre/reconversión de la obra faraónica del dictador Franco. En noviembre escribí un artículo 'El ocaso del Valle de los Caídos', en el que explicaba que la decisión de digitalizar el registro de muertos se unía al progresivo deterioro del conjunto arquitectónico. Cuando hice el reportaje ya estaba cerrado el camino a la Cruz por culpa de desprendimientos, así como el acceso a la base de la Cruz por la caída de objetos de los cuatro Evangelistas, al triforio que circunda la cú*** de la basílica y al órgano mayor.

No llevará mucho tiempo para que el Gobierno se plantee qué hacer con el Valle. 

Visité Haití hace un año y medio acompañando al ministro de Exteriores en una gira iberoamericana. Aquellos recuerdos de Puerto Príncipe me asaltan cada día que pasa desde que la tierra engulló a miles de ciudadanos de este país, el más pobre del continente hermano pero con una gente sana y alegre como pocas.

Paseé por las calles de Puerto Príncipe. Ví el Palacio Presidencial de cerca y me alojé en el hotel Montana donde cientos de personas han encontrado la muerte hace unos días. Recuerdo el museo-monumento dedicado a los próceres de la patria (Haití fue 1802 el primer país del continente después de Estados Unidos en independizarse) y que me imagino que ha quedado sepultado bajo escombros. 

Entré en la hermosa catedral de la ciudad, abarrotada de gente como el día del terremoto, con su color rosado que la hacía tan diferente a otras que podemos ver en Europa. Y me emociono rememorando aquel paseo en busca de libros, sacerdotes o personas ligadas al vudú, que me permitió comprar una preciosa estatuilla en la que aparece un haitiano contorsionado, simbolizando las sucesivas reencarnaciones en las que creen aquellos que practican esta religión de origen africano. Por eso, espero y ansío con volver a ver a una Haití reencarnada, más fuerte si cabe, del cataclismo que han vivido sus habitantes. Volveré algún día allí.

He estado una vez en Cuba hace tres años y pude palpar las ansias de cambio y apertura entre los jóvenes. Para muchos de los que me encontré, el único obstáculo que impedía el que Cuba se abriese al mundo eran los hermanos Castro. Y sigue siendo así. Por eso me preocupa el giro que le quiere dar España a las relaciones entre Cuba y la Unión Europea. La posición común de los Veintisiete es el último texto declarativo a nivel europeo en el que se defiende con firmeza un futuro democrático para la isla. De ahí que el Gobierno va a tener que hilar fino, finísimo, para conseguir un texto que contente a todos: desde el ala dura del castrismo a los países de la órbita ex soviética que tan beligerantes son con el régimen cubano.

He de reconocer que la ministra de Defensa cuenta entre sus habilidades con la capacidad política para evitar los charcos más peligrosos que se encuentra en el camino. Al término de una semana de ataques de la insurgencia talibán contra las tropas españolas destinadas en Afganistán, en la que milagrosamente sólo ha habido bajas leves, Chacón ha desactivado la alarma social y la preocupación de los partidos sin desgaste alguno.

No ha convocado ruedas de prensa, dio su versión de los hechos en una entrevista a Antena 3 en horario de marujas y ha pedido comparecer en el Congreso para explicar la situación en la que viven las tropas. Es decir, ha ganado tiempo siguiendo a pies juntillas la premisa de que lo mejor para calmar las aguas es pedir una comparecencia en el Parlamento.

Por cierto, que lo de no enfrentarse a los periodistas cara a cara en una rueda de prensa se ha convertido en su mejor defensa para mantener sin mácula su estrella política. Desde que asumió su cargo hace un año y medio, apenas ha convocado a los periodistas a dos ruedas de prensa en su ministerio de la Castellana. 

Esta semana he visto con un poco de incredulidad las críticas que desde el PP se han lanzado contra el ministro Moratinos por su visita a Gibraltar. Creo que son infundadas, más propias de otra época. En diciembre de 2007 publiqué un reportaje  titulado 'Gibraltar empieza a ser español' en  el que hablaba de las intenciones del Gobierno socialista con la colonia británica.

Concluía de la siguiente forma mi texto: "Toda esta política de cooperación no supone que el contencioso quede resuelto para España. Todo lo contrario. El Gobierno mantiene que su reivindicación sobre la soberanía de Gibraltar es “irrenunciable”. Pero mientras llega el momento de la retrocesión –fijada en el famoso Tratado de Utrecht de 1714–, proseguirá la política de la zanahoria con la esperanza de que en un futuro no muy lejano a los gibraltareños no les importe que la Roca vuelva a ser española".

Sigo pensando que la política de la zanahoria es la mejor receta para que Gibraltar vuelva a ser español dentro de 50 o 100 años. Como decía el ministro hay que ganarse las mentes y los corazones de los llanitos, quienes desde el cierre de la Verja profesan un profundo recelo hacia España y en última instancia deberán aprobar en referéndum cualquier cambio de estatus. La generación actual está perdida, pero sus hijos pueden tener la clave. Por ello, la apertura de un Instituto Cervantes en la colonia, la concesión de becas universitarias a los jóvenes gibraltareños, el intercambio empresarial y, en definitiva, la puesta en marcha de medidas que favorezcan el entendimiento y comprensión mutua entre los gibraltareños y sus vecinos españoles, son el mejor camino para que los primeros, algún día, vean con suma naturalidad que les da lo mismo ser británicos que españoles. Y en el mejor de los casos, que les tira más lo español.

La mayoría de los gibraltareños tienen una segunda casa en el sur de España, toman cañas y pinchos en La Línea y ven las televisiones españolas, así que ya se ha avanzado mucho para que nos demos la mano algún día sin odios y resquemores. Cerrando verjas o esperando a que el contencioso caiga como fruta madura con una decisión unilateral de Londres no se conseguirá gran cosa.

El jefe de los servicios secretos estrenó su nueva condición en la embajada americana, que ayer celebró la fiesta conmemorativa del 4 de julio. Empezando por el encargado de negocios de la embajada, Arnold Chacón, todo el mundo se quiso hacer una fotografía con él.

Abrumado por los parabienes, Félix Sanz Roldán explicó a varios periodistas que no se esperaba el ofrecimiento de dirigir el CNI cuando él ya se encontraba "en la prórroga", tras haber alcanzado lo máximo como militar y estar trabajando en Moncloa los últimos meses antes de llegar a la jubilación. Ahora, si no se le tuercen las cosas, estará al frente de los servicios secretos hasta casi los 70 años. 

Una de las claves de la crisis interna del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) está en la enrevesada política de personal de los servicios secretos españoles. Desconozco las prácticas que se utilizan en otros lugares como la CIA o el Mossad, pero el sistema imperante en el CNI es todo un problema cuando surgen rencillas internas.

Para ser espía, analista o administrativo dentro del CNI hay que superar unas pruebas de aptitud. Nada extraño por tratarse de un sitio hiper-sensible. Una vez admitido, empiezan contratos de seis meses que se van renovando sucesivamente hasta cumplir los seis años. Es en ese momento cuando pasas a ser trabajador permanente de los servicios secretos, con un régimen laboral como el que disfrutan los funcionarios públicos. Es decir, nadie, ni el mismísimo director, te puede despedir salvo que te abran un expediente disciplinario por una falta grave o muy grave como pasarte a una potencia extranjera.

De ahí que Alberto Saiz no pueda desprenderse de sus espías más rebeldes. Aquellos que dimiten o son destituidos, se quedan dentro de la Casa si han cumplido los perceptivos seis años, con lo cual los potenciales rivales siguen trabajando en la sede madrileña de la Cuesta de las Perdices. Creo que la política de despidos debería ser más flexible.

 

Dentro de la desastrosa política informativa que ha llevado a cabo el Ministerio de Defensa en todo lo relacionado con la gripe A de Hoyo de Manzanares, lo más sorprendente ha ocurrido esta mañana. El mismísimo jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, el general Fulgencio Coll, fue la persona encargada de dar la cara ante los medios de comunicación. Una comparecencia que ningún veterano periodista recordaba y que permitirá a la ministra Carme Chacón presentarse en el Senado y en el Congreso con el trabajo prácticamente hecho. Si en la crisis diplomática por la retirada inopinada de Kosovo fue Bernardino León quien le echó una mano a la titular de Defensa (aunque acabó empeorando la situación al cuestionar las formas de Chacón), ahora ha sido el general Coll quien ha tenido que atajar todo el mar de especulaciones sobre lo que realmente pasó en la base de Hoyo de Manzanares. ¿Y la ministra? Sin dar una rueda de prensa diaria como hizo su compañera Trinidad Jiménez cuando llegó la gripe A a España. Sólo se pasó el sábado por el hospital Gómez Ulla para decir ante las cámaras lo que el PSOE había adelantado unas horas antes: que se había abierto un expediente informativo para saber lo ocurrido en Hoyo. Los militares afectados por el proceso gripal ya habían sido dados de alta. En fin, un desastre.

Sorprendente las últimas declaraciones de responsables públicos como Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España, o Cándido Conde-Pumpido, fiscal general del Estado. Dos torpedos en la línea de flotación de un Gobierno socialista que llevaba viviendo unos días de gracia tras su última remodelación.

El primero advirtió ayer de que la crisis económica colocará previsiblemente a la Seguridad Social en una situación de déficit en este año 2009. El segundo criticó esta mañana que la Policía Nacional no aportase su granito de arena para la ilegalización de ANV y PCTV, ni en las impugnaciones de Askatasuna y D3M. Una acusación muy grave que ha tenido en vilo al Ministerio del Interior durante todo el día.

Lo más curioso de los ataques de Ordóñez y Conde-Pumpido es que, en teoría, son personas próximas al Ejecutivo socialista, que los ha colocado en estos puestos con fuertes críticas del PP. ¿Por qué ahora? Sus motivos tendrán, pero los problemas que le han creado a Zapatero son de órdago. Los amigos huyen en tiempos de crisis.

 

En plena campaña electoral, cualquier ayuda siempre es buena. El Partido Socialista de Madrid (PSM) ha decidido echar una mano al candidato del PSE a lehendakari, Patxi López, con una curiosa iniciativa. La responsable de acción electoral del PSM, Ángeles Álvarez, se pasará con varios jóvenes socialistas por la estación de trenes de Chamartín y la de autobuses de Avenida de América para repartir propaganda de López entre los pasajeros que vayan a salir hacia Bilbao o lleguen procedentes de esta ciudad vasca. Todo sea por captar votos para el candidato socialista.

 

El Gobierno acaba de aprobar las nuevas Reales Ordenanzas, el código deontológico por el que se regirán los derechos y deberes de los militares a partir de ahora. Es un paso muy importante pues la actual legislación data del 28 de diciembre de 1978, justamente un día antes de la entrada en vigor de nuestra Constitución.

Han sido cuatro años de "intensos trabajos", en opinión de la ministra de Defensa, Carme Chacón, en el que han participado desde el generalato hasta los escalafones más bajos de tropa y marinería. Este nuevo código, cuyo corpus consta de 129 artículos, introduce toda la legislación relativa al derecho internacional humanitario y distingue, entre otros avances, la distinción entre combatientes y no combatientes en zonas de conflicto.

La pena es que una normativa tan importante para las Fuerzas Armadas haya sido aprobada por un real decreto 'exprés' (por tanto, sin que vaya al Parlamento) y sin el visto bueno del resto de partidos políticos. En aras del carácter apartidista de los tres Ejércitos, hubiera sido muy recomendable que PSOE y PP hubieran ido de la mano en esta cuestión. Mal camino toma el Gobierno cuando al inicio de la legislatura abogó por lograr el consenso en cuestiones de Estado. Y las Reales Ordenanzas, modificadas hoy por primera vez desde finales de 1987, son una cuestión de Estado por las implicaciones que tienen en la vida militar.

Es increíble cómo se desarrollan las relaciones internacionales en ciertos momentos políticos. En las dos últimas semanas hemos vivido dos conflictos de gran envergadura y complejidad: la intervención militar israelí en la Franja de Gaza y el corte del suministro de gas ruso al este de Europa por la crisis entre Moscú y Kiev. Los dos han tenido sus víctimas, sus daños colaterales, sus arduas negociaciones y, al final, lo que las ha parado ha sido la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca. O más bien, habría que decir que ambas guerras empezaron deliberadamente en un momento concreto a sabiendas de que sus protagonistas tenían las manos libres durante unos días hasta la investidura de Obama.

Qué triste realidad, pues. Este comportamiento maquiavélico me hace recordar otros episodios cercanos en la Historia, en los que sus protagonistas se atrevieron a dar un paso adelante cuando sus vecinos estaban despistados en otros menesteres. El pasado verano, por ejemplo, Georgia intentó recuperar la soberanía de Osetia del Sur con un ataque relámpago que se inició en los prolegómenos de la apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín, aunque la aventura le salió mal debido al contraataque ruso. 

En abril de 2003, fue Fidel Castro quien se atrevió a dar un golpe certero a la oposición democrática de la isla. Aprovechando que George W. Bush había ordenado el inicio de la guerra de Irak, el comandante en jefe firmó la misma declaración contra los disidentes políticos. Con Washington mirando hacia Mesopotamia, la Revolución cubana encarceló a los 75 disidentes más molestos para el régimen. Más de 50 de ellos siguen cumpliendo largas penas de prisión. Quizás se tengan que encomendar ahora a Obama. 

¡Qué pena, qué inmensa pena! Los legendarios corrillos con miembros del Ejecutivo y de la Familia Real son ya cosa del pasado. Ya llevamos varios actos en el Palacio Real en los que se invita a la prensa para los saludos y los discursos, pero no a la posterior copa de vino español que el Rey siempre ha ofrecido a los invitados y que ofrecían jugosas noticias para los informadores. Hoy tocaba al Cuerpo Diplomático acreditado en Madrid. En total, más de 350 personas invitadas, entre embajadores y consortes, encargados de negocios y ministros plenipotenciarios.

Me pregunto si no se podría llegar a una solución de compromiso. A saber, permitir la entrada de periodistas y no hablar bajo ningún concepto con el presidente del Gobierno, si tanto sarpullido crea esta situación. Con decisiones como ésta, de impedir la entrada a los periodistas, se da una pésima imagen de los informadores. Y ya se sabe, hablando se entiende la gente.

La vicepresidenta primera del Gobierno ya tiene perfilada su visita oficial a la India del 2 al 8 de enero. Tras el paso obligado por Nueva Delhi, la vicepresidenta visitará varias ciudades del gigante asiático. Entre ellas, Bombay, que saltó a las noticias a finales de noviembre por el violento ataque terrorista de un grupo de paquistaníes armados hasta los dientes.

De la Vega tiene previsto alojarse en el hotel Taj Majal, uno de los más afectados y que quedó gravemente dañado. Este centro hotelero, de 105 años de antiguedad, reabrirá sus puertas el próximo 21 de diciembre, a las 19:00 horas, justamente 25 después del inicio del ataque terrorista.

El Taj Majal se incendió tras la ocupación del comando paquistaní, que se prolongó durante 60 horas. De la Vega podrá comprobar de primera mano cómo ha quedado la restauración del edificio.

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