viernes, 02 de julio de 2010 20:34
José María Vals
Demagogia en la huelga del Metro
El diccionario de la Real Academia define la demagogia como la “degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”. ¿Les suena a ustedes de algo, amables lectores, esta definición, si la ponen en relación con la huelga del Metro de Madrid?
A mi, sí. Los sindicatos, conscientes del rechazo que genera Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, en ambientes sindicales y entre los votantes de partidos de izquierda, han utilizado la vieja táctica de poner las cosas muy mal para que después cualquier mejora suponga una mejoría. Tras dos días de caos absoluto, aguantar media hora de espera y viajar como sardinas en lata es un alivio.
Cierto es que los trabajadores de Metro tienen derecho a defender sus intereses y a considerar que su convenio colectivo es intocable. Pero las interpretaciones de la ley se arreglan en los tribunales y no paralizando una ciudad. No es menos verdad que en España no estamos acostumbrados a estas cosas que en países como Francia y Reino Unido, por poner dos ejemplos, son más habituales. Y para terminar el capítulo sindical, no deja de ser demagógico que el portavoz del comité de empresa diga públicamente que van a dar una tregua a los ciudadanos. ¡Oiga, que nosotros no somos parte en este asunto!
Pero dicho esto, hay que recordar también que la presidenta de la Comunidad de Madrid también ha aportado su granito de arena para levantar la montaña de demagogia. Dice Esperanza Aguirre que ella se limita a cumplir lo que denomina como “decreto-ley de Zapatero”, que legalmente es ya una ley aprobada por el Parlamento de la nación. Añade que los sindicatos no han hecho nada contra el decreto-ley y sí contra ella. Olvida ¿? decir, sin embargo, que el famoso decreto-ley deja fuera de su reducción de salarios a empresas públicas estatales como Adif, Renfe o Aena, precisamente porque tienen convenios colectivos propios. Y también olvida ¿? que los sindicatos convocaron una huelga en las administraciones públicas contra la bajada de sueldo de los funcionarios.
¿Lograremos alguna vez los españoles que nuestros representantes piensen más en nosotros que en el recuento de votos? Yo no pierdo la esperanza, pero hay días en los que lo veo lejos, muy lejos.