Monday, October 19, 2009 10:06 PM
José María Vals
Por favor, no miren los Presupuestos, no sirven de mucho
Ayer oí en una emisora de radio que a nuestro planeta Tierra le quedan sólo mil millones de años para calentarse tanto que haga imposible la vida humana en su superficie. Eso me llevó a pensar en que únicamente nos quedan 250 millones de elecciones generales antes de achicharrarnos. ¡Tampoco son tantas! Lo peor es que entre una y otra tenemos que sufir cada año las negociaciones de los presupuestos del Estado. Y eso si que aburre. Por muchas cosas que se digan entre sí los poíticos, la verdad es que en Esta España de hoy, con sus 17 comunidades autónomas, la capacidad del Gobierno es más bien escasa. Dicho esto, sólo me queda añadir que, efectivamente, no entiendo por qué siempre se habla de la ley más importante del año cuando realmente poco se puede hacer con ella en la mano.
Veamos cómo se encajan los números. El Producto Interior Bruto (PIB) de España, que es el conjunto de la riqueza que se crea cada año en nuestro país, se sitúa más o menos en un billón (con b) de euros anuales. Los presupuestos del Estado prevén un gasto de unos 160.000 millones. Es decir, un 16% del total. Pero a esa cantidad hay que restarle muchas partidas. De ahí tienen que salir los gastos generados por obras de infraestructuras que se deciedieron en años anteriores como el AVE o las nuevas autovías. También hay que pagar a los parados. Los funcionarios y el resto del personal que trabaja para la Administración central también cobran del mismo saco. Las pensiones de los funcionarios jubilados, idem de idem. Los intereses de la deuda pública salen igualmente de Hacienda y, por fin, las comunidades autónomas también se reparten como la mitad del pastel para financiar las competencias transferidas (fundamentalmente Sanidad y Educación).
Una vez restado todo esto, al Gobierno central le quedan por administrar 50.000 millones de euros con los que se pueden tomar decisiones políticas. Una subida de pensiones por aquí, más infraestructuras por allá, más o menos gastos de defensa, más o menos policías en plantilla, apoyos decididos o no a programas de investigación, subvenciones a otros organismos y muy poco más. Es verdad que de cómo se gasten esos millones se puede deducir la ideología del Gobierno de turno, pero tampoco del todo, porque sin mayorías absolutas en el Parlamento hay que hacer componendas y pactos que a veces cambian las cosas. ¿Es esa la ley más importante del año? No sé que opinan ustedes, pero a mí no me lo parece.